La noche cayó demasiado rápido.
No era oscuridad natural: era la sensación de que la luz había decidido no entrar en ese lugar.
Syra y Ashryel se detuvieron frente a las ruinas. Entre las piedras partidas, algo respiraba. No con aire… sino con memoria.
Ashryel tensó las orejas.
—
—
Syra tragó.
Las sombras vibraban como si fueran agua negra.
—?Es… él?
Ashryel no respondió. Pero su silencio quemaba.
El murmullo de la noche cambió. Dejó de parecer viento. Ahora sonaba como alguien arrastrando los pies sobre tierra mojada.
Syra levantó la cabeza.
Una figura caminaba desde el fondo del pasillo de ruinas.
No tenía rostro. Solo una silueta humana cubierta de polvo, con grietas brillando en tonos azul oscuro. Cada paso dejaba un rastro de ceniza.
Y entonces habló.
—…Ashryel…
La voz era la de Syra. Pero más rota. Más cansada. Más antigua.
Syra sintió el pulso en su brazo acelerarse.
Ashryel se puso delante de él, como un escudo.
—
La figura se detuvo.
Y al hacerlo, la ceniza flotó alrededor suyo como si la gravedad no lo tocara.
—Llegué… tarde otra vez… —murmuró.
Syra frunció el ce?o.
—?Qué… eres?
La voz respondió sin emoción. Como recitar algo que ya dijo demasiadas veces.
—Soy lo que quedó cuando ella no llegó.
If you spot this story on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation.
Ashryel se tensó. El brillo bajo su piel se fracturó.
—
La figura ladeó la cabeza.
—Fui él. —Antes de que muriera.
Syra sintió el aire escapársele.
La figura avanzó un paso.
Y de pronto, una imagen estalló en su mente:
Un bosque incendiado. Ashryel corriendo entre las llamas. Un portador arrodillado, sangrando. Una mano extendida hacia ella. Una voz ahogándose:
“No… me sueltes…”
Syra cayó de rodillas, jadeando.
Ashryel gritó:
—
La figura no se detuvo.
—No vine a da?arte, Syra. —Solo quiero que recuerdes.
Syra levantó la mirada.
—?Recordar… qué?
La figura levantó la mano. Las grietas brillaron más fuerte. Cada luz era un recuerdo quebrado.
—Que me falló. —Que me dejó morir. —Que te eligió a ti… porque eras más fácil de salvar.
Ashryel avanzó un paso.
Su luz se volvió afilada, casi cortante.
—
—
—
La figura no se enfureció. Solo inclinó la cabeza.
—?Y tú? —?Qué eres ahora? —?Una voz para él? —?O un lamento que nunca terminó?
Ashryel tembló. En serio tembló.
Y Syra lo vio. La vio romperse.
Las marcas en el brazo de Syra ardieron, subiendo un centímetro más hacia el hombro.
El eco se volvió hacia él.
—?Ves? —Llevas mi final en tu piel.
Syra se puso de pie con esfuerzo.
—No soy tú.
—Aún no —respondió el eco—. Pero cuando duermas… yo entraré. Porque la marca me reconoce más que a ti.
Ashryel rugió.
No como animal. Como algo herido.
—
La figura extendió la mano.
Syra sintió que el aire se volvía pesado. Pegajoso. Como si la realidad estuviera tratando de arrastrarlo hacia un recuerdo que no era suyo.
—No vine a pelear —susurró el eco—. Solo vine a recordarle algo a ella.
Ashryel retrocedió un paso involuntario.
—
El eco sonrió sin boca.
—Aelian.
La palabra hizo que el suelo se partiera en líneas brillantes.
Syra sintió un impacto en el pecho. Un nombre que nunca había dicho… pero que vibró dentro de él como un grito antiguo.
Ashryel se dobló sobre sí misma. Su luz parpadeó.
—
—
El eco se acercó a Syra.
—Ese era mi nombre. —Y ella lo olvidó para poder seguir.
Syra apretó los dientes. —?Por qué me lo dices a mí?
—Porque lo llevarás contigo. —Porque cuando uses su poder… escucharás mi voz. —Y cuando intentes salvarla… repetirás mi final.
Ashryel levantó la cabeza, con lágrimas de luz cayendo sin ruido.
—
Pero Syra no se movió.
Miró al eco directo a esa sombra sin rostro.
—?Qué quieres?
El eco respondió sin dudar.
—Quiero que no mueras como yo. —Quiero que veas mi muerte… antes de vivir la tuya.
El suelo se abrió bajo ellos. Un círculo de luz azul se encendió.
Ashryel gritó:
—
Pero ya era tarde.
Syra vio la imagen completa. El último momento de Aelian:
él, arrodillado. Ashryel llegando tarde, con el pelaje chamuscado. Las marcas trepando a su corazón. El cuerpo desmoronándose. Su mano extendida hacia ella.
Y una frase rota:
“Ashryel… no me dejes…”
La visión se quebró.
El eco se disipó como polvo.
Syra cayó al suelo, temblando.
Ashryel apareció a su lado, su forma fragmentándose.
—
él levantó la cabeza.
Y Ashryel dijo, con una voz que llevaba siglos de culpas:
—
—
Syra respiró hondo.
—?Y ahora qué?
Ashryel cerró los ojos.
—
—
Syra se incorporó.
—Entonces que venga.
Las sombras de las ruinas se movieron como si hubieran entendido.

