El ambiente estaba en absoluto silencio; era como si el tiempo se hubiera detenido. Corvus y Baltasar solo esperaban a que alguno de los dos diera el primer paso. Corvus fue el primero en tomar la iniciativa, asestando una serie de estocadas.
—Te dije que lo tomaras en serio; ?luego no te arrepientas! —exclamó Baltasar mientras bloqueaba todos los ataques de Corvus.
Baltasar contraatacó con un veloz tajo vertical que Corvus logró evadir, pero terminó con su playera cortada.
?Eso me tomó desprevenido, aunque debo seguir probando a Baltasar; debo saber hasta dónde puedo llegar?.
Ambos comenzaron un intercambio de ataques que terminó en tablas; pero antes de que se separaran, Baltasar trató de conectar una patada en la barbilla de Corvus, que este esquivó en el último momento.
—Eres bueno; reconozco que eres un oponente a temer —admitió Corvus.
—Más de lo que crees —sonrió Baltasar levemente.
—?Qué le pasa a mis manos?
De la nada, Corvus vio cómo una mariposa turquesa se posó por unos pocos segundos en su mentón. Sintió como si miles de hormigas recorrieran su cuerpo, haciendo que temblara; a la vez que la mariposa partía, empezó a ver cómo el suelo se acercaba hacia él y, en un instante, su rostro chocó contra el piso.
—Es por eso que te dije que te lo tomaras en serio —Baltasar dejó salir una peque?a carcajada.
??Qué mierda fue eso? Nunca había visto algo igual?.
—Creo que se acabó; esa patada te mantendrá en el suelo por...
—Aún sigo sin entender cómo lo lograste, pero me derribaste —contestó Corvus, que se puso de pie mientras no le dejaban de temblar las piernas.
Baltasar se le quedó viendo a Corvus, dejando escapar una peque?a sonrisa; por más que el cuerpo de Corvus estuviera desequilibrado, este se mantenía de pie.
—Increíble. Esa patada tendría que haberte dejado fuera de combate quince minutos, pero te levantaste en menos de cinco.
—No comprendo, ?qué fue lo que hiciste?
—Bien, te lo diré solamente porque pusiste una cara tan graciosa, ja, ja, ja.
?Sin importar la situación, él se toma las cosas con humor, no lo entiendo?.
—La técnica se llama “patada mariposa”; es una técnica con el único propósito de dejar inconsciente al adversario.
—No sentí dolor cuando conectó...
—Corvus, no todas las técnicas fueron creadas para provocar dolor; esta fue concebida para neutralizar a tu enemigo de forma indolora.
—Es muy útil; al no provocar dolor, la víctima no está consciente de su caída, generando una apertura.
—Supongo... tómalo como quieras.
De un momento a otro, un aura púrpura empezó a envolver a Corvus; de entre sus palmas empezaron a brotar sombras. Oscuridad, un líquido semejante a la brea, cubrió hasta sus antebrazos.
—?Sabes cuáles son las consecuencias del uso de la oscuridad, verdad? —preguntó Baltasar frunciendo el ce?o.
—La corrupción del cuerpo y de la mente del usuario, pero eso no importa en una batalla —respondió Corvus con mirada vacía.
—?Y aun así la usas tan a la ligera?
—En la guerra, toda acción es de vida o muerte.
—Las guerras que valen la pena librar son por uno mismo —declaró Baltasar, envolviendo su espada en una espesa oscuridad.
Nuevamente se desató un gran intercambio de golpes; era más intenso, haciendo vibrar los alrededores. Aunque no lo pareciera, ambos disfrutaron combatir con un oponente de su talla. La pelea duró hasta el amanecer; el sol salió y ambos estaban exhaustos, pero el primero en caer fue Corvus.
—Tú ganas; mi cuerpo ya casi no responde y siento que el corazón se me va a salir —admitió Corvus, sentado y lleno de heridas.
—Esto es más bien un empate; soportaste toda la noche con tus heridas y, sin embargo, yo, estando bien, casi me derrumbo como tú —Baltasar se tambaleaba.
—Voy a descansar; espero que me des esa última tarea para poder terminar todo esto —dijo Corvus mientras se levantaba tambaleándose.
—Una cosa más, Corvus: guarda el secreto de que soy un descendiente de la oscuridad; sabes que nosotros tenemos mala fama.
—No te preocupes; no diré ni una sola palabra. No tienes nada que temer.
?La patada mariposa; esa técnica es de temer. Sería bueno aprender a dominarla; tengo una buena base gracias a que Baltasar la usó en varias ocasiones. únicamente debo practicar; después de todo, la práctica hace al maestro?.
—?Co-Corvus? ?Qué te pasó?
Yuriko estaba recogiendo hierbas a las afueras de la aldea y había visto a Corvus a la distancia; se acercó rápidamente a ver qué había sucedido, ayudándolo a caminar.
—Me peleé con tu padre.
—??Qué?! —Yuriko soltó a Corvus de la impresión y este simplemente cayó al suelo.
—No te exaltes; fue algo ligero. Si hubiéramos peleado en serio, uno de los dos habría muerto.
—?De qué estás hablando? ?Dónde está mi papá?
Corvus se?aló la dirección donde se encontraba Baltasar; Yuriko corrió hacia donde le había indicado.
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?Ugh, me siento como antes; mi cuerpo está pesado y la cabeza me da vueltas. ?Por qué rayos decidí pelear con Baltasar en un estado tan crítico? Creo que me confié de más?.
Corvus empezó a usar su lanza como bastón y casi a rastras empezó a dirigirse hacia la aldea, llegando al hospital.
—?Otra vez tú? ?Acaso ya te encari?aste con este hospital? —preguntó la enfermera mientras trataba las heridas de Corvus.
—No es nada. Estoy dispuesto a quedar así con tal de aprender algo nuevo y hacerme más fuerte.
—?Y qué fue lo que aprendiste?
—Una patada.
—?Bien?
Por otro lado, Yuriko fue a ver a Baltasar, que estaba sentado, recostado a los pies de un árbol.
—Vaya, no pensé que Corvus fuera tan fuerte como para enfrentarse a mi papá —admitió Yuriko mientras lo ayudaba a ponerse de pie.
—Fue entretenido; su manera de pelear es algo frenética, pero con un grado de elegancia. Es un sujeto bastante impresionante —afirmó Baltasar mostrando una gran sonrisa.
—Ja, ja, hace mucho que no te veía sonreír tan genuinamente.
—Es de esperarse; hace mucho que no disfrutaba de una buena pelea.
Al día siguiente, Baltasar por fin le dio la última tarea a Corvus: la misión de cazar para toda la aldea, una tarea que él tomó con seriedad. Salió de la aldea a primera hora de la ma?ana.
—?Afrosamurái! —exclamó uno de los aldeanos.
—?Qué pasa?
—El forastero desapareció junto con cinco enormes sacos de papas; nos robó y se marchó.
—Ja, ja, ja; no te preocupes, ayer le di la tarea de cazar. él es literalmente un caballero y no mancharía su honor de esta forma.
—Ya veo; conque un caballero, ?eh?
Corvus sabía que cerca de la aldea no habría muchas presas, así que decidió alejarse bastante. Ya estando lo suficientemente lejos de cualquier rastro de civilización, empezó con su tarea.
—Veamos si con estos sacos basta para poder complacer a Baltasar —dijo mientras sostenía sacos del triple del tama?o de una persona.
El tiempo pasó; el sol, que apenas se había asomado, ya se ocultaba poco a poco. El olor a sangre era fácilmente reconocible; Corvus estaba empapado de sangre, junto con los sacos totalmente llenos.
—Perfecto. Estos sacos pesan lo mismo que un elefante; tengo carne de diferentes animales y pieles que serán de gran ayuda en el invierno.
Un poderoso rugido resonó en todo el lugar; provenía de dos osos que eran muy grandes, del tama?o de cinco adultos cada uno.
—?Osos gigantes? Tuvieron que haber sido atraídos por toda la carne que llevo; el lado positivo de todo esto es que tendré muy buenas pieles para llevar.
Los osos, sin titubear, se aproximaron a Corvus con la intención de matarlo. Corvus rápidamente dejó los sacos y se enfrentó a ellos a pu?o limpio.
Esquivando todos los ataques, Corvus conectó un poderoso golpe en el estómago de uno de los osos, pero este solo se enojó más y dio zarpazos a diestra y siniestra.
?Vaya osos, son huesos duros de roer. ?O será el hecho de que estoy exhausto??.
En un momento de despiste, Corvus fue arrinconado contra un árbol; apenas pudo esquivar uno de los ataques de los osos, pero el árbol que estaba detrás de él no corrió con la misma suerte, siendo partido a la mitad.
?Ese árbol fue destrozado de un solo zarpazo. Son lentos, pero fuertes... creo que esta es una buena oportunidad para probar la patada mariposa?.
Corvus se acercó a uno de los osos y, después de esquivar un par de golpes, ejecutó la técnica; el oso empezó a tambalearse.
—Creo que funcionó...
Pero no funcionó: en un momento de confianza, el oso conectó un golpe en el pecho de Corvus, haciendo que empezara a sangrar.
—Creo que aún no debería usar la patada mariposa en un combate real.
Después de unos minutos de pelea, ambos osos cayeron ante Corvus, que estaba con varias heridas, pero solo superficiales. Estaba a punto de darles el último golpe cuando alguien lo interrumpió.
—Supongo que ya te divertiste demasiado, humano.
Un lobo de pelaje negro como la obsidiana y ojos rojos como un par de rubíes se hizo presente, caminando a dos patas, totalmente erguido.
—?Una bestia? Claro, qué idiota soy, me adentré demasiado en el bosque.
—?Te complace matar a pobres bestias primitivas? —preguntó la bestia mientras mostraba sus colmillos—. Ja, de seguro fue divertido, pero lamentablemente no puedo dejar pasar esto.
Como el viento, la bestia se posó detrás de Corvus y, tal como apareció, terminó de matar a ambos osos.
—Ustedes los humanos me dan asco —susurró la criatura.
—Admito mi error, bestia; crucé sus fronteras. Te dejaré enterrar a ese par de osos y me retiraré sin más alboroto.
—Claro, mataste a esos osos porque estaba dentro de tus posibilidades; pero al verme, y notar que tus chances son nulas, empiezas a negociar.
—No quiero pelear —admitió Corvus mientras retrocedía poco a poco.
—Esto no será una pelea; será justicia.
La bestia se abalanzó hacia Corvus; en un parpadeo, su garra quedó a unos centímetros de su rostro. Esquivó el ataque e invocó su lanza.
—Oh, humano; se nota que estás herido. ?Sabes lo que pasa cuando la presa está herida?
La bestia lanzó desde su mano una devastadora ráfaga de fuego contra Corvus, pero este se deslizó por el suelo esquivando el ataque y se aproximó hacia ella.
?Carajo, mi cuerpo está en modo supervivencia; me estoy acabando las reservas. Lo de ayer y ahora esto; debo acabar con esta bestia?.
La bestia saltó para evitar el ataque, pero antes de que lo notara, Corvus había desaparecido y, estando detrás de ella, le atravesó el cuello; su lanza terminó tocando el suelo con la bestia empalada.
—Te confiaste de más, bestia —comentó Corvus tratando de controlar su respiración.
Corvus se acercó al cadáver para recuperar su lanza, pero justo antes de hacerlo, la palma de la bestia quedó cerca de su estómago; había generado una gigantesca esfera de fuego que explotó, mandándolo a volar.
—?Mierda! —Corvus empezó a escupir sangre.
La bestia comenzó a moverse, tratando de sacarse la lanza del cuello, pero al ver que no podía, simplemente terminó destrozándoselo para liberarse. Empezó a caminar hacia Corvus; la criatura tenía un gran agujero en la garganta del que no dejaba de brotar sangre.
—Dime que no es todo lo que tienes; tú emanas la energía de un guerrero, demuéstralo.
El agujero en su cuello empezó a regenerarse con rapidez, quedando casi como nuevo; sin embargo, Corvus aún se encontraba en el piso, malherido y con quemaduras.
?Genial, es un inmortal; mi carne huele a asado y en cualquier instante terminaré desmayándome. Pero esta no es mi primera vez?.
Corvus se levantó del suelo, temblando y sudando, pero con una mirada llena de seguridad; empezó a emanar oscuridad, envolviendo por completo sus antebrazos.
—Tu piel será de utilidad —declaró Corvus, apuntando con su lanza.
La bestia sonrió dejando ver sus enormes colmillos; todo su ser empezó a emanar un calor demencial. Parecía que su pelaje comenzaba a brillar con una intensa luz, como si tuviera vida propia.
—Cumpliré con honor mi rol de guardián —aseguró la bestia mientras su cuerpo era cubierto por voraces llamas.
De repente, empezó a olfatear y a mover las orejas; su gran sonrisa desapareció, al igual que su fuego.
—Veo que estás de suerte, humano. Debo atender asuntos más importantes ahora mismo. Haz lo que quieras con esos cadáveres, ya no tienen calor para mí.
La bestia, de un salto, se subió a una rama, miró de reojo a Corvus y terminó desapareciendo entre las copas de los árboles.
—Uuuf —Corvus se dejó caer al suelo.
?Pensé que moriría; a este paso nunca me recuperaré de mis heridas?.
La bestia saltó entre las copas de los árboles a toda velocidad, adentrándose cada vez más en el bosque, hasta donde la luz ya casi no llegaba. Una multitud de bestias esperaba; a la cabeza había una gigantesca bestia león que aguardaba la llegada del guardián del bosque.
—Oh, conque eran ustedes. ?Qué quieren? Espero que sea importante; me quitaron a una valiosa presa —dijo el guardián, visiblemente irritado.
—Gran guardián de este vasto bosque, te suplicamos que nos dejes recorrer tus tierras con el propósito de saldar una deuda.
—Saben cuáles son las reglas: no da?en estas tierras; solo eso. Desobedezcan esta simple indicación y no importará si son de mi misma raza, los mataré a todos, ?entienden?
—Cl-claro; como usted desee. Gracias por dejarnos cruzar la frontera —afirmó el león mientras hacía una reverencia.
—Aunque los de su clase no me gustan en lo absoluto, si no fuera por nuestro soberano, los habría devorado a todos ustedes en menos de lo que aletea una mariposa —el guardián miró a todos los presentes con una expresión inexpresiva.
Con una poderosa llamarada, el guardián desapareció, dejando a todos los presentes con un sabor de boca amargo.
—Escuchen, chicos: tenemos autorización para pasar a estas tierras. Compórtense y concéntrense; únicamente vamos a por ese samurái. Si alguien más se interpone en nuestro camino, mátenlo, ?entendido?
—?Sí, se?or! —gritaron todos a la vez.
—?Vamos!

