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Titulo en español latino Pango: El Inicio del Destino

  La profecía

  Al principio, sujetos con túnicas negras se reunieron en una sala de piedra, con luz filtrándose por las grietas del techo.

  El líder, Zharuk, creía que el mundo debía renacer desde el sufrimiento.

  A su lado, Meldrion: un cobarde que finge ambición.

  Y Vernak: convencido de que conquistar el mundo es su derecho.

  No hablaron ni se movieron.

  Solo miraron la esfera, esperando el símbolo.

  Cuando apareció el símbolo, el líder preguntó:

  -?Tendremos éxito conquistando el mundo?

  La visión mostraba sobrepoblación, colapso económico y un progreso detenido.

  Guardaron silencio unos minutos.

  Finalmente, Zharuk decidió:

  -Conquistar el mundo ya no importa. Ese futuro es nuestra oportunidad. Esperaremos a que llegue.

  Vernak:

  -Era inevitable. Ese futuro... me pertenece. Un mundo sin muerte es un mundo sin límites.

  Y cuando llegue, nadie podrá detenerme.

  Zharuk lo miró, callado, sosteniendo la mirada.

  Meldrion, en su mente:

  Zharuk comenzó a toser. Esta vez fue distinto... más seco.

  Miró de reojo a Vernak. Nada.

  Supongo que su metabolismo es lento.

  ---

  Cuando todo cambia

  La visión cambió repentinamente, arrastrándolos a un futuro que no esperaban.

  La muerte volvió, y el destino se corregía.

  Zharuk:

  -?Pero qué? Quiero ver al responsable.

  Entonces apareció un pangolín, enrolando su cuerpo y cambiando su estilo de pelea.

  Vernak (al ver al pangolín):

  -La inmortalidad no es un recurso cualquiera. Ese ser está interfiriendo con lo que considero mío.

  Zharuk (sin apartar la vista de la esfera):

  -Te adelantas demasiado. Y hablas como si ya fueras due?o del resultado.

  Vernak:

  -No me adelanto. Si algo puede revertir nuestro futuro, lo eliminará.

  Ese pangolín no es una amenaza. Es un obstáculo.

  Zharuk (frío, analítico):

  -Los obstáculos se definen después de comprenderlos.

  Antes... solo son incógnitas.

  Después la esfera muestra la aldea entera:

  Vernak:

  -Así que no es solo uno... Bien.

  Mientras más raíces tenga el problema, más claro será dónde cortarlo

  Se levanta para irse:

  -Pierdo el tiempo aquí.

  Si ellos pueden alterar el destino, yo lo corregiré.

  El líder decide quedarse, observando la visión y analizando el combate del pangolín, buscando su debilidad.

  Meldrion: -No necesitamos destruirlo de inmediato.

  Basta con entender cómo logra alterar el destino.

  Si encontramos ese mecanismo, el pangolín dejaría de importar.

  If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation.

  Zharuk:

  -La esfera no puede mostrarlo. También tiene sus límites.

  (Pausa, lo mira de reojo)

  Siempre eres un distraído...

  (Apretando las sienes)

  ?Por qué últimamente me duele la cabeza?

  Vernak se detuvo frente a sus soldados. Los miraron uno por uno, sin prisa, como quien evalúa herramientas... no personas.

  Vernak:

  -Escuchen con atención.

  No necesito explicarles nada.

  La que pregunta demuestra que no está listo para obedecer.

  Ustedes recibirán armas creadas por mi propia magia.

  Armaduras que soportarán más de lo que cualquiera de ustedes podría.

  Lo único que deben hacer... es cumplir órdenes.

  En pocos días atacarán la aldea de los Escamas Doradas.

  No quiero gloria.

  No quiero discursos.

  Solo resultados.

  Si fallan, no habrá excusas.

  Si cumplen, no necesitarán recompensas.

  Y cuando esa aldea caiga...

  el futuro caerá en mis manos.

  ---

  Dos voluntades

  Zharuk (interrumpe, sin elevar la voz):

  -Nadie te puso a cargo. No moverás a estos soldados.

  Vernak:

  -Yo soy el mandato, yo soy la voz.

  Zharuk (sereno, observando los detalles):

  -Entonces tu voz no vio lo esencial.

  Los pangolines no caerán con fuerza bruta. Observa su armadura. Observa sus movimientos. Necesitas pensar, no solo golpear.

  (Los soldados murmuran confundidos.)

  Soldado:

  -Entonces... ?qué hacemos?

  Zharuk (sin mirarlos):

  -Retírense. Esto es entre nosotros.

  -Los soldados salen del salón amplio-

  El espacio quedó despejado.

  Ahora no había ejército que observar...

  solo dos voluntades a punto de chocar.

  Vernak:

  -Deja de esconderte detrás de tus planes.

  Tu miedo es tu derrota.

  (Meldrion callado, observando.)

  Zharuk (apenas inclina la cabeza):

  -No es miedo. Es información.

  Y tú reaccionas sin procesarla... por eso fallas.

  Vernak:

  -El cobarde no soy yo.

  El cobarde eres tú.

  Zharuk (frío, directo):

  -Hablas demasiado para alguien que solo entiende la violencia.

  Y te advierto algo, Vernak:

  Si vuelves a cuestionar mi lugar aquí... saldrás tú, no yo.

  ---

  La grieta invisible

  Meldrion (susurrando):

  -Ya no puedo esperar. Siempre estuve bajo sus órdenes.

  Si el líder muere... seré libre.

  él es quien más me domina.

  Y Vernak... lo buscaré cuando duerma. Así me libraré de ambos.

  Por ahora no puedo acercarme a Vernak.

  él me aterra.

  Meldrion tragó saliva.

  Sabía que no era fuerte.

  Sabía que no era rápido.

  Pero también sabía que si no actuaba ahora... nunca tendría otra oportunidad.

  Creó una espada apagada, lista para encenderse.

  Dio un paso silencioso... luego otro.

  Zharuk seguía discutiendo, sin girarse.

  Meldrion, inseguro, levantó la espada y la sostuvo firme.

  El aire se volvió pesado.

  De pronto, Zharuk gritó:

  -?Desde ahora estás expulsado, lárgate!

  ---

  Combate

  Tensión:

  Ese grito fue la se?al.

  Meldrion encendió la espada de fuego.

  El metal ardiente llenó la sala con su sonido.

  Zharuk se giró, rápido... pero no lo suficiente.

  La hoja le rozó el hombro, quemando su túnica.

  El olor a hierro y tela quemada se esparció.

  Zharuk (mirándolo como si estudiara un insecto):

  -No es sorpresa, Meldrion.

  Tu silencio siempre anuncia intención...

  y tu intención siempre anuncia torpeza.

  Meldrion:

  -No... no es torpeza. Es... es que no puedo seguirte.

  Zharuk creó un escudo con dificultad.

  El choque fue brutal: las llamas golpearon el metal y lo hicieron vibrar.

  Por un instante, parecía que la espada lo atravesaría.

  Zharuk empujó con todas sus fuerzas... hasta apagar el fuego.

  -Tu ataque confirma lo que sospechaba: reaccionas sin estrategia.

  Zharuk (en voz baja, con una pausa calculada):

  -?Pero qué...?

  -?Por qué mi visión está fallando ahora?

  Meldrion (sonriendo):

  -Yo... yo no necesito entender. Solo... sobrevivir.

  Meldrion no se detuvo.

  Se lanzó con un golpe desesperado directo al cuello.

  Zharuk reaccionó al instante: sus cadenas se dispararon y atraparon uno de los brazos de Meldrion, desviando el ataque por apenas unos centímetros.

  Zharuk:

  -Lo mismo de siempre: resistencia sin dirección.

  No construyes nada, solo prolongar lo inevitable.

  Meldrion contuvo el aliento.

  El miedo le subió por la garganta.

  Forcejeó con torpeza, no para vencer, sino para soltarse.

  Necesitaba espacio.

  Necesitaba huir.

  El otro brazo seguía libre, empu?ando la espada de fuego.

  Las llamas se encendieron, inestables, como su pulso.

  Atacó de todos modos, sin cálculo, aun con el cuerpo desbalanceado.

  El calor rozó el rostro de Zharuk.

  El líder sudó.

  Su respiración se volvió irregular.

  Vernak esperó un instante, concentrado, y creó cuchillos que lanzó al pecho de Zharuk.

  Este esquivó dos; uno cortó su costado, otro su pierna.

  Las cuchillas siguieron su rumbo, ajenas al objetivo inicial, y se clavaron en el pecho de Meldrion.

  Zharuk, herido, lanzó cadenas desesperadas.

  Una atrapó las piernas de Meldrion, y su otro brazo.

  Vernak corrió con una daga.

  Zharuk apenas levantó las manos.

  Las cadenas se extendieron, atraparon a Vernak y lo lanzaron contra la pared.

  El silencio duró unos segundos.

  Zharuk apenas pudo mantenerse de pie; respiraba con dificultad.

  Zharuk: (Observó, cálculo):

  -Uno atrapado.

  El otro perdiendo sangre.

  No necesito gritar.

  Observó, calculó, y eso basta para neutralizarlos.

  Desafiarme nunca fue opción; siempre fue un error.

  Pero el veneno lo seguía destruyendo por dentro.

  Cayó de rodillas.

  Respiro:

  Intentó levantarse, pero el cuerpo no respondió.

  La respiración le fallo.

  Pensó rápido:

  Algo estaba mal. Demasiado mal.

  -No es sangre.

  -No es magia.

  Los síntomas tenían orden. Demasiado orden.

  No era casualidad. Tal vez provocado.

  Alzó la mirada hacia Meldrion. No preguntó.

  -Ya veo... -murmuró.

  Comprendió la traición justo antes de que las piernas cedieran.

  Y cayó.

  Vernak:

  -Así terminan todos los que creen poder conmigo: caen débiles.

  Zharuk perdió completamente el control de las cadenas, y ambos fueron liberados.

  El metal crujió; los eslabones se partieron como si fueran barro seco.

  Vernak avanzó libre, cada movimiento calculado, sin prisa, demostrando que la prisión nunca lo había contenido de verdad.

  Revelación

  Meldrion (en el suelo, con miedo):

  -?Eso no... ?Eso no es posible! Nunca mostraste síntomas del veneno... ?por

  qué...?

  Vernak (con desprecio):

  -Así que recurriste a un veneno... patético.

  Meldrion (confesando, quebrado):

  -?Yo... yo no quería! Me dijeron que tardaría 24 horas en hacer efecto... pensé que nunca llegaría a esto.

  Vernak (orgulloso, frío):

  -Ningún veneno me matará. Mi cuerpo lo conoce como cualquier bebida.

  Se acerca lentamente a Meldrion.

  Meldrion sintió por primera vez lo que era estar verdaderamente solo.

  El fuego de su espada se apagaba, pero el temblor de sus manos no.

  Miró a Vernak buscando una razón para vivir... y no encontró ninguna.

  Vernak lo observó, cargado de arrogancia:

  -Mírate... un servidor patético que se arrastra cuando tiene miedo. ?Y así pretendías traicionarme?

  Meldrion abrió la boca para suplicar, pero Vernak ya había decidido.

  Vernak inclinó la cabeza, dictando un veredicto inevitable:

  -No mereces ni un segundo más de mi tiempo.

  Lo mató sin dudar, de un golpe rápido y contundente.

  ---

  Zharuk respiraba apenas, sintiendo cómo su propio cuerpo lo abandonaba.

  Por primera vez desde que tomó el mando, ya no tenía control de nada.

  Y aún así, una chispa de desafío permanecía viva: prefería morir consciente que vivir sometido.

  Luego Vernak miró a Zharuk y lentamente se acercó.

  Vernak:

  -Esta es la primera pelea a muerte que tenemos. No fue sencillo acabar contigo, pero al final caíste ante mí.

  Zharuk (con mirada helada):

  -Lo veo claro... El orgullo te sostiene... y te hundirá.

  Vernak:

  -Eres un obstáculo para nuestra victoria.

  Encendió la espada de fuego; la sala se ilumina.

  La levantó y la dejó caer con fuerza.

  El sonido del golpe quedó suspendido en el aire.

  Las llamas murieron despacio, dejando solo el olor a humo y sangre.

  Por un instante, el mundo entero pareció regresarse... como si la sala misma entendiera que un líder había caído.

  ---

  El fin del control

  Un soldado se detuvo en el corredor que daba al salón amplio, paralizado al ver la escena desde la distancia.

  Mira a Vernak, sabiendo que está frente al único sobreviviente.

  -?No... no puede ser...!

  Zharuk...Meldrion...

  ?Quién... quién será ahora nuestro líder?

  ---

  Solo queda uno

  Vernak giró la cabeza lentamente, viendo al soldado paralizado.

  -Mira a tu alrededor... ?ves a alguien más vivo? Solo yo.

  Llama a los demás.

  En unos días atacarán la aldea de los Escamas Doradas.

  -Lárgate.

  El vacío que deja un líder no se llena con esperanza.

  Se llena con poder.

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