Bach
??Alejaos de la bestia!? y otras sandeces de este tipo habían hecho que por fin se apartaran de los caminos. Humanos. Pura ignorancia. Sin duda Elur era más civilizado que muchos de ellos. Desde que comenzaran su marcha, la poca gente con la que se habían cruzado había reaccionado con miedo, o lo que es peor, de manera hostil. Ya había tenido que matar a cuatro. Cazadores. Estos eran lo peor. También eran los que cometían mayores estupideces en combate, ya que, su motivación solía ser un ego condenado a caducar a perpetuidad. Ella luchaba por sobrevivir, que es mucho más lógico. Por su supervivencia y la de Elur. Cuando era peque?a encontró un lobezno herido, lo sanó, y éste se quedó con ella.
A ella también la encontraron; fue una gélida ma?ana en la que un druida salió a buscar hierbas. Nunca se supo nada sobre los padres de aquella criatura, así que Rhennos siempre aseguró que era una hija de la tierra; y como tal se la presentó a su archidruida.
Desde el día en que fue llevada a la arboleda observaron en ella cosas inusuales. Siendo aún bebé animales salvajes se le acercaban y parecían protegerla. A veces hablaba a las plantas o les canturreaba, y parecía que éstas crecieran más deprisa y dieran más frutos. De muy ni?a encontró una lechuza herida e inexplicablemente la sanó con unas hierbas que ella misma fue a recoger y preparó sin que nadie le hubiera ense?ado a hacerlo. Por éstas y otras tantas cosas decidieron instruirla como druida en la arboleda de Mendilar.
Hacía unas pocas semanas los druidas ancianos y el archidruida de su comarca la hicieron llamar. Era la primera vez que ella los veía, sólo reconocía a su mentor, Rhennos, quien la había criado. Para su asombro, no sintió miedo, ni nervios; se sentía enormemente arropada por la arboleda y por su inseparable lobo Elur. Era la primera vez que se encontraba ante el archidruida. No supo si la imagen de aquel vetusto hombre le inspiraba más paz o respeto. Sea como fuere, se sintió reconfortada; era como estar frente a la sabiduría, solidez y paciencia de una monta?a. Casi sonrió.
El archidruida, sin embargo, había visto a Bach muchas veces antes. La había observado desde el principio. Aquel poco usual bebé había llegado a la edad adulta, ya era una mujer. Una mujer ajena a sus méritos y a sus calificaciones. Era el mejor druida que habían visto en muchos siglos, una gran estudiante que sin mucho esfuerzo superaba con creces a sus compa?eros y a muchos de sus maestros. Tenía un potencial innato cuya existencia sólo tenían noción por pergaminos muy antiguos. Pero todo eso ella no lo sabía. Sería capaz de realizar grandes cosas, pero tenía mucho que aprender aún. Era una mujer hura?a, arisca y solitaria. Sus únicos amigos parecían ser los animales. Desde ni?a cuando alguien se le acercaba ella se mostraba fría y distante. Nunca pareció necesitar a nadie.
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?Acércate?
La voz provenía de un anciano a la izquierda de Rhennos. Bach dio un par de pasos al frente. De pronto se puso nerviosa. Esperaba una bronca, o un premio, o una intensa charla acerca de algo que solo se hablaba entre adultos. Al fin y al cabo, ella era una mujer adulta ahora, y había sido responsable y bastante obediente con sus deberes y tareas. Quizá le confiaran algún tema sobre su sociedad, o algún gran secreto, puede que algo acerca de su origen… ?Tu instrucción aquí ha terminado? dijo una voz firme procedente de algún anciano a la derecha.
Buscó los ojos de Rhennos. él la estaba mirando. Bach dirigió entonces su mirada a aquella congregación de barbas blancas buscando una explicación. En silencio se la imploró a su maestro, que con los ojos vidriosos aseveró ?Debes abandonar Mendilar.?
Sólo de evocarlo se le había olvidado respirar. No alcanzaba a entender, no sabía si… Elur hizo un inequívoco gesto con las orejas: Alguien venía.
Gaggash
Oyó algo. Rápidamente miró a su izquierda y vio un ser blanco que resoplaba entre los troncos de los árboles del bosque. Otro crujido. Sí, estaba claro, esta noche cenaría. ?Pero qué demonios…? ?Un jabalí blanco? No, tenía el pelaje largo, quizá fuera un oso. ?Pero blanco?… fuera lo que fuera ahí estaba, casi en bandeja, hecho un ovillo y estremeciéndose entre sue?os. Un golpe seco en el cuello y tendría comida para las próximas semanas. Así que se acercó despacio tratando no emitir ningún sonido, levantó su enorme hacha con las dos manos y… cayó inconsciente.
Cuando abrió los ojos estaba ya amaneciendo. Se llevó las manos a la cabeza ?el dolor era enorme! Trató de ponerse en pie, pero sintió un fuerte mareo y se dejó caer de nuevo. De pronto un resplandor verde envolvió todo su cuerpo durante un par de segundos, y como por arte de magia se sintió fuerte y revigorizada. Entonces lo vio. Dos brillantes ojos verdes la miraban desde lejos. En un movimiento fugaz acertó a ver aquel pelo blanco moverse y desaparecer.
Gaggash decidió entonces seguir a aquella criatura, más movida por la curiosidad que por el hambre; sin saber si agradecérselo o matarlo, o si era un dios o un demonio.

