El traje la aplastaba. Ashley sintió cómo su cadera descendía y su pecho se elevaba para compensar. Pero justo entonces, la presión del traje empujó su pecho hacia abajo, y en lugar de hundirla, la impulsó. La cadera subió como un reflejo, los hombros rodaron hacia adelante, las rodillas se doblaron y soltaron, y su cuerpo avanzó sin que ella diera una orden. Cadera abajo, pecho arriba; pecho abajo, cadera arriba; hombros, rodillas, paso. De repente, lo tenía. Fluía.
El traje la oprimía y ella no oponía resistencia: dejaba que la presión se transformara en un hormigueo que le recorría entera, un masaje profundo. Sin esfuerzo, adoptó la pose: pecho hacia afuera, piernas abiertas en V firmes en el suelo, brazos plegados y pegados al cuerpo. Allí, en ese equilibrio tenso y perfecto, giró el cuello con lentitud controlada. Sus ojos encontraron a Julia.
Le había costado algunos ánimos especiales, pero por fin Julia había dejado los sollozos. Ahora fluía también, con ese toque peculiar que tenía: intentaba explicarle con su cháchara técnica lo que había entendido, que el traje quería que se moviera con estilo, con gracia, aunque se sintiera como un pollo cociéndose a fuego lento.
A su lado, Andy seguía forcejeando con el traje. No fluía tan bien; a los ojos de Ashley, siempre intentaba luchar contra él como un perro, y el traje siempre respondía golpeando más fuerte. Eso sí, Andy aguantaba mejor el calor, así que Ashley seguía viéndolo como el tanque del grupo.
Se rio por lo bajo cuando lo vio caer. Según su maestro, Andy había despertado su sentido en la nariz, por eso era mucho más sensible. Pero ella frunció el ce?o al inhalar: podía oler el asco, el sudor, la humedad pegada a su piel. Un chispazo la hizo caer al suelo. Pasó mucho tiempo sin moverse, con los cachetes inflados, arrastrándose junto a Julia durante las horas siguientes.
Al terminar, escapó del traje y fue al ba?o —súper elegante—, y luego comió lo que encontró en el plato que su maestro les había servido. Devoró con la sensación de morirse de hambre.
—Después de seis meses de entrenamiento, han tenido un logro bastante bueno. Por ahora, su desarrollo en los cinco sentidos sigue siendo decente. Sigan así y despertarán su sexto sentido y desarrollarán su tercer ojo —su maestro, con voz grave, su fedora y su gabardina, los felicitaba.
Ashley soltó un bufido. Iba a preguntarle algo a Andy, pero el plato de pollo la distrajo.
—No es expansión, es profundización —explicó Andy, como si leyera un libro—. No es ver más lejos, es ver los detalles, procesar, conectar y descubrir.
Ashley, con un bocado de arroz chino en la boca, le levantó una ceja. Aquello le parecía superconfuso.
—Bien, prepárense. En una hora deben subir, mis estudiantes. El bar les espera —su maestro les pasó los atuendos: pantalones negros con camisas a juego, con una cruz estilizada cuya parte inferior atravesaba la cabeza de un dragón, mordida por la izquierda por un basilisco y por la derecha por un Baphomet.
Ashley se quedó admirando el dise?o mientras se lo ponía. Disfrutó viendo cómo Andy se iba al ba?o para cambiarse.
—?Qué pasa, A-n-d-y? ?Por qué te vas...? —lo llamó con voz cantarina. Andrew no se volvió, pero si Ashley se concentraba, podía ver cómo su cuello se tensaba. Estaba molesto.
Ya listos, subieron. Ashley suspiró: todo lo que hacía por poderes mágicos.
Al salir del gimnasio, saludó a Priscila arrastrando a Julia, que prefería hacerle preguntas de nerd.
—Conejita, ?por qué le hablas si no entiendes ni papa de lo que sale de esa boca? —sacudió la cabeza ante la tontería. La última vez se quedó horas, y su conejita solo dijo que no había entendido nada, con esa sonrisa suya que volvía a Andrew un tomate.
—Algún día construiré algo como Priscila —murmuró Julia.
Si su conejita creía que hablar en voz baja la escondía, Ashley solo podía sonreír con sorna. Ella ya tenía desarrollado el oído; según el maestro Susano, tenía talento.
—Tienes la clave, pero no la ves —eso le dijo su maestro una noche, y aún no lo entendía. Por más que lo pensaba, ese acertijo la mataba.
Un tirón la detuvo justo antes de golpearse la cabeza con la puerta. Se giró y vio las ojeras de la tonta conejita, que se quedaba despierta hasta tarde. Se rio, pasó por la puerta, y la vista del bar la recibió: ba?ado en luz de neón, con música idol del grupo Samurái de fondo.
—?Por qué precisamente Samurái? —no necesitó girarse para saber que Andrew daba su opinión sobre la música—. Como si importara.
Andrew la había alcanzado por fin, con un delantal marrón puesto. Antes de que pudiera responder, él la tomó de las manos y la llevó a la barra. Julia fue directo a la caja registradora.
—Esta vez no te vas a escapar —moviendo el dedo frente a su cara, Andrew le habló.
Ashley solo escuchó bla, bla, bla. Asintió, y por fin Andrew pasó al otro lado de la barra, donde un idiota trabajaba cuando ellos no estaban.
Con Andrew lejos, Ashley se abrió paso entre la gente. Escuchaba a los chicos tratar de sonar más graves, veía a las chicas girar con risitas de putillas, y a los idiotas siguiéndolas como patitos. Le hervía la sangre imaginarse a Andrew mirándolas, pero ella era superior: no necesitaba hacer el ridículo para llamar la atención. Tenía un objetivo, y no iba a distraerse.
—Ooo, ?cómo están, chicos? —con un gui?o, los patos se volvieron y la rodearon, hablando de partidos de fútbol o alguna cosa—. Tengo sed. ?Y si nos refrescamos?
—?Y tú no trabajas aquí, ni?a? —una de las putas arruinó el ambiente, celosa porque la verdadera estrella estaba presente.
Ashley tomó del brazo a uno de los chicos, que infló el pecho y mandó a la mierda a esa puta. Los chicos se fueron a la barra a pedirle algo a Andrew, mientras ella comenzaba a buscar a los nerds o a las chicas tímidas.
La música resonaba con fuerza, pero Ashley se deslizaba, hablando con su sonrisa grande. Sus ojos siempre pendientes, sus oídos afinados; un buen entrenamiento para sus sentidos. En una esquina, ya había ubicado a su objetivo.
—?Tiene alcohol? —la chica fea frente a ella sudaba—. Pregunto, vengo a lugares así todo el tiempo. Bueno, normalmente con amigos, pero hoy...
Ashley asintió, la felicitó por su confianza, por venir sola.
—No tiene alcohol, pero entre nosotras: solo las perras vienen por eso. La gente como nosotras sabe la verdad —le dio un golpecito juguetón en el hombro, y la fea solo asintió.
Ashley la acompa?ó a la barra. Andrew estaba preparando una copa de cóctel con una mora pinchada en el borde; parecía un traje de alta costura.
—Andy, dale a Clara un Mary Virgin.
Andrew le devolvió una sonrisa pícara, y la fea se quedó mirando, embobada, mientras él trabajaba. Sirvió todo en un vaso de tubo, con una rama de apio.
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Julia miró fijamente la registradora. Espalda recta, mirada concentrada, manos libres. Tragó saliva. Varios chicos estaban frente a ella. Vamos, habla. Di algo. Ya has estado haciendo esto por meses. No puedes dejar que Andrew haga tu trabajo. Tienes que hacer algo.
—Serían cuarenta dólares por todo... se?or Tadeo —dijo, con tono más serio de lo que pretendía.
Ellos solo se rascaban la nuca, soltando risitas. ?Por qué se ríen? ?Qué hice mal? Pero al menos pagaron.
—Gracias por su compra. Pueden pasar con Andrew, que les servirá todo.
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Esbozó una sonrisa corta mientras los veía dirigirse a la barra. Soltó un suspiro al guardar el dinero. Apretó el pu?o. No debería sentirme bien por esto. Es algo básico, sencillo. Una máquina podría hacerlo. Ella podría programar una, estaba segura. Priscila podría hacer algo así.
Jugando con una pegatina, Julia se preguntó cómo estaba programada Priscila. Penny la había llamado "una de sus cabezas". Eso debía significar que estaba conectada a ella. Ashley pensaba que Penny la controlaba, pero Julia sabía que no era probable. Era una pérdida de RAM microorganizar algo así, especialmente cuando Priscila era una asistente administrativa.
Su mirada se perdió un momento. Observó a Ashley moverse entre las mesas, creando peque?os caos: llevaba gente a la barra, organizaba competencias de bebidas. Luego miró a Andrew, que repartía pedidos con esa cara de "estoy escuchando" que ponía con los clientes pesados.
Julia jugó con sus dedos, vigilando que no vinieran más clientes. Andrew estaba ocupado hablando con unos tipos. Ashley tenía razón: debía mejorar. Aunque no era justo. La gente se creía su personaje de "chico duro"... Ella también, hasta que lo conoció.
Respiró hondo y sacó su tableta. Se sintió bien al revisar sus notas; una sonrisa se le escapó. Ashley quera una copia de esto.
Demonios: Seres de gran poder. Según la información recopilada, un demonio de bajo rango podría dominar el mundo en un a?o. Tarda porque se expande lentamente, pero nada podría detenerlo.
Julia sudó frío. No pueden luchar contra eso. Apretó la tableta con fuerza.
—Oye, disculpa. Aquí me sellan esto, ?no? Bonitos ojos, por cierto.
Una voz la sacó de sus pensamientos. Levantó la cabeza. Un chico bastante lindo, aunque sus ojos... Levantó un sello y lo colocó en una tarjeta de cliente recurrente.
—Gracias por... venir. Ya tienes cinco estampas. Puedes usar nuestro sistema de realidad virtual por cinco horas en la zona VIP —respiró hondo. ?Qué más hay que decir? El chico se quedó quieto. ?Qué significa esa mirada? —Si quieres, puedes pagar una suscripción por treinta dólares mensuales para tener prioridad, o unos cuarenta para tener siempre tres horas. Aunque esto incluye...
Y se fue.
Maldición. ?Qué dije mal? ?Fui demasiado lenta?
—Lo hiciste bien, conejita. Buen trabajo. Bueno, me voy, me llaman.
Bajó la mirada por hábito. Enroscó un mechón de pelo en su índice mientras un leve rubor le coloreaba las mejillas ante las palabras de Andrew. Nadie más que Ashley la llamaba conejita, aunque estaba segura de que Andrew había hablado con Ashley sobre el tema.
Su mente volvió a la tableta.
Daemon: Entidades físicas subordinadas que sirven como mano de obra, soldados y administradores del territorio de un demonio. A diferencia de sus se?ores, los daemons (diablillos, súcubos, bestias, etc.) se encargan de las tareas terrenales de "segunda prioridad". Funcionan como un ejército logístico que prepara el mundo material para que la expansión demoníaca sea absoluta e inevitable.
—Julia, cálmate. Leer definiciones te dará pesadillas. Haz tu trabajo y recuerda: todo está bien.
Su maestro, detrás de ella, le agarró el hombro. Julia asintió. Se sentó en su silla, se recostó y respiró hondo.
Todo está bien.
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La noche se convirtió en un río de caras y pedidos. Ashley se deslizaba entre las mesas como una corriente: un codazo aquí, un gui?o allá, siempre empujando clientes hacia la barra. Andrew despachaba rondas con eficiencia, pero cada tanto saltaba el mostrador para escoltar a algún borracho o idiota insistente hacia la salida. Oh, su Andy estaba celoso. Qué lindo.
Julia, en su caja, en su silla, mantenía esa mirada adorablemente seria. Ashley sintió cómo su boca dibujaba una sonrisa lenta. Para la próxima noche especial jugarían a la secretaria y la jefa. ?Deberían meter a Andrew? Sacudió la cabeza. No era el momento.
De pronto, la música del grupo idol samurái se vio interrumpida por el estruendo de motores. Una banda de motociclistas irrumpió en el bar con fuerza. Ashley no tardó en meterse entre ellos para organizar competencias de bebidas y bailes; sí, tal vez se dejó llevar un poco. Por suerte, su maestro apareció desde el fondo y, de un solo golpe, derribó a varios antes de que la cosa escalara.
Cuando el reloj marcó las dos, el bar estaba vacío. Solo quedaban ellos tres, apoyados en la barra con los hombros caídos, pero apenas sudando. Ese entrenamiento sí servía. El maestro emergió de la trastienda con una bandeja: tres vasos altos de té chai servido con hielo.
—Creo que es hora de una misión.
Ashley se atragantó con el té. Dio un golpe en la mesa, borrando la imagen que había empezado a imaginar: ella con cinco pistolas, riendo en medio de un tiroteo.
—No será contra daemons ni cultos —aclaró el maestro, con un suspiro—. En este pueblo yo mismo lo limpié.
Luego explicó que el primer objetivo era una pandilla local. Estaban siendo usados por una banda de Nueva York que utilizaba este pueblo de mierda como almacén para llevar mercancía a Nevada.
—Y los tontos piensan que son socios de verdad —Ashley resopló—. Qué tontos... Entonces, ?por qué lo hacemos? ?No es muy aburrido?
Su maestro le pellizcó la nariz, provocando la risa de Andrew y que a Julia le temblaran las cejas.
—Ningún humano es digno de la palabra demonio. Pero sus objetivos son equivalentes a los daemons: causan caos, dolor, y la gente busca seguridad en cultos. Eso prepara el terreno para invocaciones demoníacas.
De repente, su mano se cerró sobre la cabeza de Ashley como una pinza. Ella encorvó la espalda, sintiendo una garra de toneladas presionándola. Miró a su maestro, que ahora la sujetaba con firmeza.
—Entiendes ahora. Es lo correcto. Debes entender, debes ver, sentir. Asiente si me entiendes. Y esto va para todos.
Temblando, Ashley asintió. Notó que Andrew era levantado por el cuello y Julia se acurrucaba a su lado.
—Saben que no me gusta hacer esto, chicos. No es lo correcto, pero deben entender que ser cazador es mucho trabajo... Este entrenamiento es de seis a?os. Aún les falta mucho.
Por un segundo, Ashley juró que vio los ojos de su maestro tornarse un arcoíris. Ondas púrpura y negro aparecieron a su alrededor como si fueran a cubrirlo todo. El momento se sostuvo solo con el forcejeo de Andrew. Luego los soltó con un suspiro.
—Su misión es desmantelar las operaciones. Llamen cuando terminen. Pueden llevarse una sola cosa como botín. ?Entendido?
Respondieron como un coro, aunque Ashley aún sollozaba un poco junto a Julia. Después de calmarse, el maestro les entregó tres armas: una pistola de dardos tranquilizantes, una pistola Tesla y una pistola lanza redes. Un arma para cada uno.
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Andrew se sobó el cuello mientras apretaba los dientes, pero mantuvo una postura firme mientras recibía el sobre con la información. Guardó las armas en sus fundas, en las caderas, y la lanza redes la mantuvo en las manos. Tomó a sus chicas de las manos y las sacó del bar. En silencio se montaron y comenzó el viaje hacia el objetivo.
Observó cómo pasaban las calles a su lado. Ashley estaba pegada a la ventana, furiosa; él lo sabía por cómo golpeaba el vidrio. Julia se hacía bolita en el regazo de Ashley.
Vamos, piensa, piensa. Debe haber algo que puedas hacer. Entonces sacó el sobre. Esto era la clave.
—Chicas, ?me pueden decir las direcciones? —pidió con la mejor sonrisa que pudo fingir.
Solo recibió risas por parte de Ashley. Julia asintió, tomó el sobre y fue diciendo las direcciones hasta que llegaron a un viejo edificio de almacenamiento de tama?o medio. Andrew se mantuvo a una cuadra de distancia.
—Ok, Ashley toma los dardos. Julia tendrá la Tesla —repartió las armas en el auto.
Solo recibió un coro de síes. Arrugó la cara. Con esa moral no se podía hacer nada.
—Julia, busca información de este edificio —Julia subió la cabeza y comenzó a buscar en el teléfono con efusividad—. Ashley, deja la mierda. Si el maestro es más fuerte, pero esto es solo el nivel inicial.
—?Por qué nos entrena...? Está gastando mucho. Es que... ?qué poderes tiene? —Ashley hablaba y Andrew no le entendía.
Los entrena porque despertaron el sentido en esa guarida. Gasta mucho porque busca unidades de élite. Y no veo cómo "ser fuerte" sea un poder. Claro, es duro. No diría que es algo... Se sobó el cuello. Ese era su castigo por causar problemas. Ashley debía dejar de buscar problemas. Les daban un trabajo, entonces lo cumplían.
—Como sea. Vamos a hacerlo y lo haremos bien. Andrew, busca fuegos artificiales potentes. Julia, busca información de los sistemas antiincendios, los bomberos y el número de una periodista de un blog medio muerto pero con escándalos —Ashley alzó la voz y chasqueó los dedos, gru?endo. Sus ojos estaban fijos en algo—. ?Que no me escuchan? Muévanse.
Andrew estuvo tentado, por un segundo, a negarse y decir que él tenía entrenamiento en operaciones por el campamento. Pero Ashley tenía la pistola Tesla y, bueno, quería ver hasta dónde llegaba... ?Por qué la motiva?
Ashley hizo llamadas. Julia encontró información en foros y dio con una tal Margarita, una cuarentona cuyo blog de noticias estaba casi muerto. Lo último que tenía eran amoríos; un escándalo de divorcio le arruinó.
Ya con todo reunido, Andrew observó cómo Ashley hablaba con la mujer. Quisiera saber qué decían, pero se le ordenó subir a un techo y disparar los cohetes. Por suerte pudo usar la escalera contra incendios, pero Ashley y Julia le debían un masaje: la espalda le mataba por llevar la mochila de cohetes. Se posicionó y, sin mucho esfuerzo, los cohetes atravesaron las ventanas. Sin vidrios, pero siguiendo el plan, estos golpearon el techo.
Aunque no todos acertaron, logró activar los aspersores. Andrew bajó rápido con las pistolas de dardos, pero se quemó la mano al deslizarse por la escalera. Sin perder tiempo, fue a la puerta trasera del almacén. Al escuchar la sirena del camión de bomberos, esperó y golpeó a varios idiotas que salían.
Al ver que no venían más, respiró y fue al frente, donde Ashley estaba sobre la red llena de pandilleros.
—Vamos, Andy, por el botín. Estos tontos caminaron como gallinas —dijo Ashley con su voz de siempre.
Andrew sacudió la cabeza. Disparó. Notó cómo Julia hablaba con la cuarentona. Miró todo y suspiró. Debo entrenar más.
Julia se acercó y le indicó que el camión de bomberos ya se había ido, y que Margarita buscaba paga por usar sus contactos y por sufrir esa humillación de su ex.
Andrew rodó los ojos. Miró a Ashley, que solo dijo que la regla era que "ellos" podían tomar una cosa, nada más.
Sin más, se adentraron en el almacén. Al revisar las cajas, Andrew se pasó las manos por la cara: piezas de auto. Pero entonces sintió cómo su alma salía de su cuerpo, cómo sus manos temblaban al sostener la lona.
—?Mira esa joya! Es el Rain Acid-Hoon. Mira ese chasis alargado, parece un tiburón de acero negro mate.
Andrew se lanzó a abrazar el auto como loco. Buscó las llaves y la maldita Ashley silbó: las tenía en sus manos. Sin dudar, entró en el auto y disfrutó el rugido como una bestia. Sus chicas se acomodaron en los asientos de cuero traseros.
—Vamos, Andy, tenemos que dormir. Tenemos escuela ma?ana.
Andrew escuchó y rompió todas las reglas, derrapando en cada vuelta.
Esto era genial.
Fin.

