La vida transcurría de manera agitada, pero pacífica. Cada miembro de la mansión Sunglay realizaba sus tareas rutinarias diarias con una precisión casi mecánica. El cuarto de Kael, como todos los días, era minuciosamente limpiado; las sábanas se cambiaban, los muebles se desempolvaban y el aire se renovaba con suaves aromas. Mientras tanto, el peque?o Kael reposaba pacíficamente en su cuna… aunque su expresión distaba mucho de ser tranquila. En su rostro infantil se dibujaba una clara mueca de frustración.
—Nambre… ?de verdad crees que estoy mejorando? —pensó Kael, molesto—. Ya llevamos cinco meses de entrenamiento mágico y no siento cambios…
// -- ay vieja relaja las tetas acaso quieres ser como esos personajes genéricos que adquieren un poder OP y simplemente pasa todo porque si… -- //
Kael suspiró internamente, con una mezcla de resignación y fastidio.
—Pues, en cierto modo, si lo ves de manera realista… sería lo ideal —replicó—. De esa manera, cualquiera en esta situación, pese a que sería un personaje genérico, estaría seguro y tranquilo, pensando que su vida no se vería afectada…
// -- pues que pena porque eres un inútil que no puede lograr eso asi que sigue entrenando, pero si quieres avance intenta levantar la cabeza… -- //
Al escuchar esa última parte, Kael comenzó a notar algo distinto. Con esfuerzo, poco a poco, se dio cuenta de que su movilidad era más sostenible que antes. Sus ligeros músculos, aún débiles pero en crecimiento, ya podían mantener estable su cabeza de bebé.
—Oye… tienes razón —pensó, sorprendido—. Ya puedo tener un ligero dominio de mi cuerpo… Mis piernas y brazos aún no tienen el soporte como para intentar caminar… pero estoy casi seguro de que puedo… ?gatear!
Con esfuerzo y dedicación, Kael logró darse vuelta hasta quedar boca abajo. El movimiento fue torpe, lento y agotador, pero exitoso. Tras un nuevo intento, consiguió mantener el equilibrio suficiente para sostener la cabeza erguida y apoyar su peque?o cuerpo entre manos y pies temblorosos.
El momento era propicio. Las sirvientas habían salido justo todas al mismo tiempo para cambiar los artículos y materiales de limpieza, además de reemplazar el agua sucia antes de continuar trapeando los pasillos.
// -- mendigo escuincle pasado a miados que carajos haces!?!?!!? -- //
Con una habilidad digna de un saltador de portones de LATAM, Kael logró escalar el borde de la cuna. Sus dedos se aferraron a la madera con torpeza, pero también con determinación. Tras un peque?o impulso, cayó sobre la cama baja que usaban las sirvientas para cuidarlo durante la noche. Técnicas de caída dignas de un ninja improvisado hicieron que el peque?o cuerpo rodara suavemente hasta deslizarse por el borde, cayendo desde una altura mínima al piso sin hacerse da?o.
—Juas, juas, juas… —pensó Kael, orgulloso—. No te creas que esta es una habilidad cuestionable de mi antiguo mundo. Cuando vives en una población donde una pelota de trapos bien hecha es tu única diversión, si se cae en la casa de un vecino y tú la lanzaste, debes cumplir con el pacto de honor de aventurarte en esa casa para recuperarla.
Y tras esta muestra de gran habilidad, con una mirada claramente maliciosa para alguien de su edad, Kael ejecutó con éxito su operación: salir de la cuna y escapar gateando hacia lo desconocido. Con una velocidad y habilidad únicas para un bebé, se escabulló entre los distintos pasillos, revisando cada rincón, esquivando sombras, evadiendo a guardias y sirvientas con una astucia casi insultante.
Su gran haza?a, pese a ser impecable, no tardaría en ser descubierta.
Una de las sirvientas regresó a la habitación cargando los implementos necesarios para continuar con la limpieza. Como era costumbre, se acercó primero a revisar el estado del joven amo… y entonces su rostro palideció. Sus ojos se abrieron de par en par y, con un hilo de voz cargado de pánico, se dirigió a la sirvienta que la seguía.
—Oye… el joven amo no está… —dijo, sintiendo cómo el corazón se le aceleraba—. Por favor, dime que otra encargada tenía que venir a buscarlo…
—No… —respondió la segunda, también alarmada—. Nosotras somos las únicas encargadas a esta hora…
—?GUARDIAS! —gritó la primera con todas sus fuerzas.
En un abrir y cerrar de ojos, los guardias fueron alertados. Uno de los códigos de emergencia, nuevo y prácticamente desconocido, fue activado de inmediato.
?Código blanco! ?El joven amo ha desaparecido!
No pasaron ni treinta segundos desde el aviso cuando los mandos más importantes de la casa ya se encontraban reunidos en la habitación. El ambiente, antes ordenado y silencioso, se volvió tenso, cargado de urgencia y preocupación.
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—?Mi se?ora, lo lamento tanto! —exclamó una de las sirvientas, casi al borde del llanto—. Le juro que solo salimos a reponer el agua para seguir limpiando, y en solo tres minutos de nuestra ausencia el joven amo ya no estaba…
Caria observó la escena con una expresión seria, pero sin dureza. Su mirada era firme, aunque empática; entendía el miedo que se respiraba en el ambiente.
—Entiendo… —dijo con voz controlada—. Pero los lamentos no solucionan nada. Sirvientes, guardianes… el joven heredero se encuentra desaparecido. ?Búsquenlo ya!
Holley, Tana, Ken y Laret salieron disparados con una velocidad impresionante, comenzando a escudri?ar cada rincón de la mansión, desde los pasillos más visibles hasta los espacios más improbables.
Mientras tanto, Enta permanecía en la habitación, analizando la escena con atención. Su mirada recorría la cuna, la cama baja y la disposición de los muebles, intentando reconstruir mentalmente lo ocurrido. Fue entonces cuando Redda apareció a su lado, silenciosa pero atenta.
—Joven Enta… parece angustiado —comentó ella con calma.
—Estoy analizando el lugar de los hechos —respondió Enta—. Se debe considerar cada constante posible…
—?Qué insinúas, Enta? —preguntó Caria, girándose hacia él.
—Tranquila, mi joven se?ora —intervino Redda—. La mente analítica del joven Enta siempre lo fuerza a sobrepensar las cosas.
—?De verdad lo cree así, mi se?ora Redda? —preguntó Enta, sin apartar la vista de la escena.
—Así es —afirmó ella—. Es un bebé sano de cinco meses. Sus músculos y extremidades ya están adquiriendo fuerza. Por la posición de la cama y la cuna, hay una alta probabilidad de que haya logrado bajar sin hacerse da?o y salir de la habitación. Y siendo un bebé… no debe andar lejos.
—?Espera, Redda! —exclamó Caria—. ?Me estás diciendo que Kael pudo salir solo?
—Por supuesto —respondió Redda con total naturalidad—. Seguro no lo sabías, pero Laret, cuando era bebé, hizo este mismo tipo de cosas reiteradas veces. Tanto así que una vez logró llegar hasta el portón de la mansión sin que nadie se diera cuenta.
—Wow… eso sí que es impresionante —murmuró Enta, visiblemente sorprendido.
Mientras la mansión era prácticamente puesta patas arriba en la búsqueda del joven amo, Kael, por su parte, sin mayores problemas, logró ingresar por una puerta que había quedado medio abierta. No era cualquier habitación: se trataba del mismísimo salón de trabajo del gran se?or Garbard.
Desde su majestuoso escritorio, al notar un peque?o bulto gateando lentamente sobre la alfombra, Garbard levantó la vista y sonrió con diversión.
—Pero… ?qué tenemos aquí? —dijo con tono divertido—. ?Ya llegó mi nuevo asistente de trabajo?
—Brrrrr… ha, ha, ha —balbuceó Kael, acompa?ando el sonido con una amplia sonrisa babosa que contrastaba por completo con la situación.
—Pero qué muchacho más audaz —comentó Garbard, observando la escena con diversión—. Tienes la mansión hecha un desastre y vienes de lo más tranquilo a babear mi alfombra.
—Mi única manera de expresarme y de pasar desapercibido como un bebé normal sería esto —pensó Kael—. Jajaja… xD
Tras unos minutos de exaltación y mucho movimiento, la tranquilidad de la oficina se rompió de forma abrupta. Con una entrada desesperada y estruendosa, Laret irrumpió en el despacho de su padre, visiblemente agitado.
—Padre, lamento la intromisión, pero… ?no habrás visto a…? —comenzó a decir.
Sin embargo, sus palabras se quedaron en el aire. Al levantar la cabeza, vio a su padre firmando documentos con una mano y sosteniendo en la otra a un peque?o ser que lo miraba con absoluta inocencia.
—?Por el amor de Dios! —exclamó Laret—. ?Te estuvimos buscando por toda la casa! ?Papá, ?por qué no dijiste nada?!
—Pues para que sufrieran —respondió Garbard con total calma—. Llegó solito a mi oficina, así que le permití ayudarme a revisar estos documentos. Se lo merecen por no saber cuidar a su primogénito; así aprenderán a intensificar las medidas de seguridad.
Garbard dejó los papeles sobre el escritorio y miró con seriedad a su hijo.
—De ahora en adelante, este comportamiento será peor —continuó—. Ni diez segundos pasarán fuera de su vista y este peque?o montón de energía saldrá disparado a conocer lo que es desconocido para él…
Tras dar aviso a los demás, la calma volvió poco a poco a la mansión. Se establecieron nuevas y estrictas medidas de seguridad, y el ambiente tenso comenzó a disiparse. Sin embargo, lo más importante —y temible para Kael— aún estaba por venir.
Pese a ser apenas un infante de meses, el castigo sería cruel y sin piedad.
Una fila completa de mujeres, perfectamente ordenadas, esperaba su turno. Cada una tenía la misión de ejecutar una tortura individual al joven amo por haber escapado. Aquella tarde, el peque?o Kael comprendió cuáles eran las consecuencias de huir de su cuna: sus cachetes de bebé recibieron el mayor de los castigos posibles.
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Mientras tanto, en alguno de los callejones de la ciudad, dentro de una de las muchas casas abandonadas, un grupo de desconocidos planeaba algo en voz baja.
—La mansión está fuertemente custodiada… —dijo uno de ellos.
—Si queremos llevar a cabo la venganza, debemos ser extremadamente cuidadosos —a?adió otro.
—?Qué no basta con armar un alboroto y sacar al bebé? —preguntó un tercero, con tono impaciente.
—Se ve que eres nuevo y no entiendes nada de este trabajo —respondió el primero con desdén—. No es cualquier mansión, mocoso… es la mansión Sunglei. Los soldados de esta casa son altamente capaces y fuertes. No por nada están preparados para defender la ciudad del Bosque Indomable… y eso es lo mínimo.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Dentro de esa mansión tienes al mismísimo lord que arrasó con todas las casas que incitaron la revolución y a dos de los héroes de la Gran Guerra… sin mencionar a sus guardianes.
—Ni nosotros tres juntos podríamos hacerle frente a uno de sus guardianes —admitió el segundo—, ni aunque trajéramos a toda la banda…
—Tranquilos —intervino el primero—. Si nos ce?imos directamente al plan, lograremos raptar al heredero.
—?Realmente vale la pena este trabajo? —dudó el tercero—. Digo… esas casas que nos contrataron en venganza por haber sido destruidas… entiendo su descontento, pero no les beneficia en nada vengarse con… con un bebé…
—Eso a nosotros no nos incumbe —respondió el segundo con frialdad—. Tú solo enfócate en tu trabajo. A nosotros solo nos importa el dinero… Si ellos quieren raptar y torturar a un bebé, mientras paguen, nosotros se lo proporcionaremos…
Luego de esa conversación, los tres tipos se separaron, perdiéndose cada uno por distintos caminos de la ciudad.

