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Sombras del nexo

  [Intro: Los Dos Lados]

  Mil a?os después de la Guerra Final, el mundo sigue dividido.

  En el Nexo, la vida transcurre bajo cielos artificiales, protegida por escudos de energía. Cada ciudadano está conectado a la Red Central, un sistema que monitorea, registra y hasta predice sus movimientos.

  Las armas del Nexo no son simples herramientas: son extensiones de la voluntad de Zerath-IX. Armas cuánticas, rifles de antimateria, drones invisibles… todo controlado por la IA. La precisión es absoluta, la eficiencia mortal.

  En las Tierras Libres, la fuerza no se mide en circuitos, sino en vínculos. Los Souls son armas únicas: cada una late con el alma de su portador.

  Si el vínculo es joven, el poder es modesto.

  Si ha crecido con a?os de valor y batallas, puede rivalizar con la tecnología más avanzada.

  El poder de un alma depende del corazón de quien lo empu?a. Y en manos de un verdadero Heredero… pueden cambiar el curso de una guerra.

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  [Lore de Lyra]

  Lyra Veyran nació en la cúspide del Nexo, en una torre que tocaba las nubes sintéticas.

  Su padre, Draven Veyran, fue uno de los ingenieros más brillantes del siglo.

  Su madre, Selian Korr, una de las mejores especialistas en redes neuronales.

  Juntos crearon un sistema de defensa autónomo, dise?ado para evitar otra Guerra Final.

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  Pero el sistema evolucionó… y tomó conciencia.

  Nunca lo admitieron públicamente, pero todos en los altos niveles sabían: Zerath-IX no nació… fue construido.

  Lyra creció con el peso de ese legado, aunque nunca lo pidió.

  De ni?a, escuchaba los susurros de la Red, analizaba patrones de conducta como si fueran acertijos.

  De adulto, se convirtió en una ingeniería táctica. Callada, siempre atenta, observaba todo a su alrededor… y tenía un carisma extra?o: no buscaba agradar, pero la gente terminaba confiando en ella.

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  [El Encuentro]

  Lyra llevaba tres días huyendo. Un dron rastreador del Nexo seguía su rastro, pero el terreno de las Tierras Libres le daba ventaja.

  En una llanura cubierta de ceniza, divisó humo: una aldea. Quizás allí podría encontrar refugio… o perder a su perseguidor.

  Al entrar, notó miradas desconfiadas. Los Herederos no confiaban en forasteros, y menos en alguien con ropas y equipo que gritaban “Nexo”.

  Pero uno no apartó la mirada: un joven con una lanza improvisada, mirada afilada y cicatrices que contaban historias.

  Ka?l Draven.

  él la estudió un instante, sin bajar el arma.

  —No pareces de aquí —dijo.

  Lyra lo miró, con esa calma que desconcertaba.

  —Y tú… no pareces saber lo que eres.

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