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El Camino que se Niega: División de Trabajos.

  El camino era algo que no se podía subestimar: Era arduo, sinuoso, y muchas veces debían volver sobre sus propios pasos. Parecía que salir del reino era más difícil de lo anticipado.

  —Sistema, ?a dónde debemos ir? Ya estuvo bastante larga nuestra caminata —preguntó Maribel en voz alta.

  ?Todo es parte del camino?, respondió una voz en la mente de todos.

  Solo Aether parecía aceptar aquella respuesta. Caminaba con una alegría infantil, observando todo con curiosidad: El movimiento del agua en el río, los insectos que cruzaban el sendero, incluso las sombras que se alargaban sobre las piedras.

  El calor era fuerte, aunque nada que no pudieran soportar. Lo extenuante no era lo físico, sino lo mental. Llevaban horas caminando. Demasiadas.

  —Ya me cansé —dijo Amara con un suspiro—. Debemos buscar otra manera, simplemente esto no es lógico. ?Cómo podemos perdernos así?

  —Yo mismo no entiendo —respondió Richard, dejándose caer sobre una roca—. Estuvimos siguiendo el camino todo este tiempo.

  El aire era calmado y el río brindaba cánticos de unión para los presentes. Durante un momento, todos se limitaron a escuchar el rumor del agua y las piedras sonando.

  —Snif... Tal vez simplemente debamos subir una monta?a y ver si realmente vamos por el camino correcto —dijo Maribel, quitándose un moco—. Eso y, de paso, buscamos comida.

  —?Tienes hambre a estas alturas de tu cultivo? —preguntó Amara, arqueando una ceja.

  —Mi cultivo es extra?o —respondió ella, encogiéndose de hombros—. Incluso este peque?ín puede pasar días sin comer, pero yo sufro de hambre…

  Amara negó con la cabeza, sonriendo.

  —Entonces busquemos algo para la santa doncella de la comida.

  Maribel levantó una ceja.

  —Uf… bueno, eso es mejor que seguir caminando sin sentido. Cacemos algo grande.

  Sofía los miró atónita.

  ??Simplemente se cansaron de buscar y van ha comer? Realmente no parecen cultivadores.?

  Maribel la notó y dijo con calma:

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  —Solo unos meses atrás éramos mortales comunes. —luego aclaró —Tu expresión es lo que te delata.

  Amara ladeó la cabeza, con una sonrisa.

  —Relájate, Sofía. Ya es mediodía —dijo apuntando al cielo.

  —Déjenme preparar mi arma —dijo Richard, sacando una espada enorme. La movía como si fuera de polietileno, pero Maribel no podía estar más inconforme con esa cosa.

  —Deja eso —lo detuvo—. Queremos cazar, no ir gritando que matamos gente.

  —?Gente? —preguntó Sofía.

  —Quiero decir… animales. Ya sabes, son capaces de comunicarse entre sí. Si se enteran de nosotros, estarán en guardia. No se ven humanos a menudo por aquí.

  El grupo se miró entre sí, confundido.

  —?No quieres preguntarle a los árboles si hay víctimas para nosotros, entonces? —bromeó Richard.

  Maribel sonrió forzadamente, pero su seriedad formó un una atmósfera oscura.

  —Lo haría… si no quisieran comernos.

  Todos la miraron con sorpresa y un toque de pánico.

  —Es broma —dijo seca, suspirando—. Supuse que algo de humor ayudaría al ambiente, pero creo que no estoy en condiciones de hacer un buen chiste.

  Aether le dio palmaditas en la espalda y le frotó la mano con cari?o.

  —Se?or Richard, usted busque madera. Maribel y yo deberíamos ir a cazar —dijo el ni?o de pronto, sorprendiendo a todos con su iniciativa.

  —Yo… debería ayudar también —a?adió Sofía—. Maribel, ?puedo acompa?arte a cazar?

  —Umu… si eres sigilosa —respondió ella.

  —Chicas —llamó Richard, se?alando un pe?asco cercano—, estaremos allí. Amara, ?prefieres juntar agua o ayudarme a transportar le?a?

  —Prefiero que no ignoremos el peligro y vayamos todos juntos —dijo con tono firme.

  El grupo quedó en silencio. Habían olvidado por completo esa posibilidad. En los últimos días, la sensación de fortalecerse tan rápido les habían hecho sentir invencibles. Pero seguían existiendo bestias en el rango del Núcleo.

  —Bueno, ?pero qué posibilidad hay de estar en peligro real ahora? —preguntó Richard.

  ?Te sorprenderías, Richard. Este mundo está desviado. No es imposible que alguien en la Trascendencia de la Tribulación simplemente vague por los bosques.?

  Todos miraron el entorno, buscando el origen de la voz, pero apareció. Negaron suavemente, aceptando que no había hostilidad.

  Richard levantó una ceja.

  —?Desviado? ?Eso qué significa?

  ?Significa que está contaminado.?

  —?Cómo se relaciona eso con un desvío? —dijo Amara, confundida.

  —Se refiere a que el mundo no es como debería —respondió Sofía—. Solo piensa en esas enormes grietas. Es inaudito. ?Quién sabe dónde más pueden salir? Tal vez sale una ahora y trae a alguien con ese poder.

  —Shhh, no pongas la mala suerte en la mesa —dijeron todos al unísono.

  —?Por qué me callan? —reclamó Sofía.

  —Yo… tenté a la suerte antes —dijo Richard—. Y nos encontramos un alma naciente que casi nos mata.

  —Ya estuvo —intervino Maribel—. Lo haremos así: El equipo de caza llevará a Aether, y él, con su percepción espacial, nos mantendrá a menos de quinientos metros del equipo de tala.

  —?Qué son los metros? —replicaron todos a la vez.

  —Uh… simplemente que Aether nos mantenga cerca del otro equipo.

  —Aún no me acostumbro al nombre —comentó Sofía—, pero me parece bien.

  —Supongo que no tengo opción —suspiró Amara.

  Richard tomó la enorme espada en la espalda. Con unos pocos movimientos, dos árboles peque?os cayeron. Fueron troceados con rapidez, y pronto hubo le?a suficiente para toda la noche.

  Luego recolectaron agua. Fue entonces cuando el suelo tembló. Un rugido sordo, lejano, cruzó el bosque.

  Amara levantó la vista y suspiró.

  —Se divierten sin nosotros —murmuró con tono arrepentido.

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