—Deberías irte. Tengo una reunión con los mandos medios de las grandes familias —dijo Julius, cortando la conversación con la misma eficiencia con que la había comenzado
—Afortunadamente llegaste al top 10. Ahora tengo una excusa para hacer una concesión adicional. Espera mi respuesta junto con las recompensas.
La silla siguió la directiva sin que nadie más lo ordenara. Me sacó de la oficina por un corredor lateral, tomando rutas donde los pasillos estaban vacíos.
Es discreto, pensé con algo parecido al alivio.
Minutos después abrí la puerta de mi habitación. Aún tenía puesta la ropa del hospital, pero sobre la cama había un cambio limpio doblado con precisión. Me vestí despacio, con la clase de cuidado que se tiene cuando cada movimiento cuesta más de lo que debería. Una hora después, sentado en el escritorio, pedí el almuerzo y dejé que los pensamientos se ordenaran solos.
La construcción iba por buen camino. Manipulación de lo que me rodea y de mi propio cuerpo. Mejora de capacidades físicas y mentales. Recolección pasiva de energía. Era una base sólida, pero seguía siendo una base.
No es suficiente, reconocí sin dramatismo.
Necesito contrastar habilidades nuevas con lo que ya tengo. Un poder versátil que no palidezca ante nada ni nadie.
El timbre sonó justo cuando terminé de comer.
Un robot mensajero. Tres cajas grandes.
Las acomodé como pude en el espacio disponible y cerré la puerta. Antes de abrirlas, repasé el orden de prioridades.
Primero, recuperar el cuerpo al cien por ciento. Las soluciones nutritivas y el elixir no sirven de nada en un cuerpo que aún no puede procesarlos. Por ahora: cápsulas militares.
Revisé las provisiones. Solo quedaban cinco básicas. No alcanzaba.
Abrí las cajas una a una. Separé las soluciones nutritivas y el elixir de acumulación astral. Finalmente saqué el libro del umbral singular. La portada rezaba Acumulación Química en letras doradas sobre un material parecido al cuero, color verde oliva, duro al tacto. Lo sostuve un momento antes de dejarlo sobre el escritorio.
Solicité cinco cápsulas militares básicas adicionales, tomé una cena tranquila y comencé el proceso de reparación con Biología Interna y Reorganización Química activas. Cuando llegó el robot mensajero, la caja era inusualmente grande para lo que había pedido.
En cuanto se retiró, cerré la habitación y revisé el contenido.
Cinco cápsulas militares de grado medio.
Dentro había una carta:
"Espero que esto te ayude. Me enteré por Huxtle que estás en algunos problemas. En cuanto te sientas mejor, ven a la herrería. — Yurgorh"
La guardé.
Consumí las cinco básicas de inmediato. Con Cadencia Interna, Propiocepción, Reorganización Química, Biología Interna y Mente Serena activas, el proceso tardó dos horas. Revisé el sistema integral.
Sistema integral – Monitoreo total.
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Usuario: Elion Vexar | Estado: Debilitado
Velocidad: 12 (-10) | Fuerza: 10 (-11) | Resistencia: 10 (-12) | Flexibilidad: 12 (-8)
Saciedad: 45% | Hidratación: 35% | Energía física: 80% | Energía mental: 70%
Integridad ósea: 52% | Integridad muscular: 72% | Integridad neuronal: 96%
Energía astral: 25/55 | Umbrales singulares: 1 – Mente Serena (activo) | Saturación: 12%
Miré la cápsula de grado medio.
El olor llegó antes de abrirla del todo: canela, cardamomo, algo más profundo que no tenía nombre pero que el cuerpo reconocía como energía concentrada. Era densa. Demasiado densa para el estado en que me encontraba.
Vamos a arriesgarnos.
La mordí.
La energía astral desbordó antes de que pudiera contenerla. No fue un flujo — fue una ruptura. Como si alguien hubiera abierto una compuerta en un dique que ya estaba al límite. Sentí el calor expandirse desde el centro del pecho hacia afuera, quemando tejido antes de repararlo, destruyendo antes de construir.
El cuerpo empezó a deshacerse por dentro.
No es una metáfora. Lo sentí en los músculos primero — fibras rompiéndose en secuencias que no controlaba — luego en los huesos, una presión sorda y constante como si algo intentara salir de adentro. La energía no distinguía entre lo que debía sanar y lo que debía respetar.
Activé todo lo que tenía.
Mente Serena primero, para no perder el control de la conciencia. Luego Biología Interna, leyendo el da?o en tiempo real, identificando qué sistemas estaban cediendo más rápido. Reorganización Química intentando ajustar las reacciones, reducir la velocidad de destrucción, ganar un segundo más de margen.
La brecha entre da?o y reparación era enorme.
La fui cerrando milímetro a milímetro.
Una hora dentro del proceso, el sistema integral dejó de poder actualizarse en tiempo real — demasiadas variables simultáneas. Tuve que confiar en la percepción directa, en lo que Biología Interna me decía sin números de por medio. Había momentos en que la reparación ganaba terreno y momentos en que el da?o lo recuperaba todo. Era una guerra interna sin espectadores, sin árbitro, sin garantía de resultado.
En algún punto de la noche consumí la segunda cápsula de grado medio.
No lo decidí con claridad. Fue más instinto que cálculo — el cuerpo reconociendo que sin más combustible el proceso iba a colapsar antes de terminar.
Siguieron horas que no pude medir con precisión.
Cuando la conciencia volvió a ser algo estable, el dolor había bajado a un nivel manejable. Me quedé quieto varios minutos, simplemente verificando que los sistemas respondían. Luego, con manos que todavía temblaban levemente, susurré la consulta al sistema integral.
Sistema integral – Monitoreo total.
Usuario: Elion Vexar | Estado: Saludable
Velocidad: 25 (+3) | Fuerza: 25 (+4) | Resistencia: 25 (+3) | Flexibilidad: 25 (+5)
Saciedad: 60% | Hidratación: 60% | Energía física: 12% | Energía mental: 10%
Integridad ósea: 95% | Integridad muscular: 98% | Integridad neuronal: 97%
Energía astral: 2/65 | Umbrales singulares: 1 – Mente Serena (activo) | Saturación: 72%
Lo leí dos veces.
Saludable. El cuerpo había salido del otro lado.
Tenía seis días para aprender el segundo umbral singular.
Debo hacerme más fuerte cuanto antes, pensé, mientras el agotamiento me ganaba sin aviso.
Y quedé dormido antes de que el pensamiento terminara.

