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Evaluación de artesanía

  Han pasado cuatro meses desde que comencé el régimen estricto de Aldoria.

  Completé todos los contenidos del a?o y, finalmente, llegó el momento de presentar el proyecto de la especialidad de herrería.

  Durante este tiempo tuve varios encuentros con Yugorh, aprendiendo directamente de él sobre materiales, límites y aplicaciones reales. Aún no le he mencionado la Huslanita ni el Duhlenium que tengo en mi poder. No todavía.

  Decidí fabricar una daga.

  No un arma excepcional por materiales, sino por concepto: una herramienta simple, funcional, capaz de lograr un rendimiento comparable al de armas modernas mediante circuitos energéticos y runas astrales.

  —?Elion! —grita Yugorh al verme entrar—. Estás activo tan temprano como siempre.

  —Estoy por comenzar la manufactura. Quería que revisara el dise?o final —dije, entregándole el plano.

  Yugorh lo observa en silencio. Su expresión cambia lentamente.

  —Esto… en teoría podría funcionar —admite—, pero los materiales no van a aguantar esa presión.

  Tenía razón.

  —Por sí solos, no —respondí—. El arma no depende del material. Depende del flujo.

  Yugorh frunce el ce?o. Reconoce la idea. Recuerda.

  A?os atrás, el ejército había intentado algo similar con armaduras de primera línea: redirigir energía astral mediante tatuajes para mitigar da?o en telas comunes. El costo lo hizo inviable. El concepto no.

  —Loco… —piensa Yugorh, apretando los dientes.

  —Tendrás acceso completo a hierro y titanio —dice finalmente—. Una semana. Si pierdes los materiales, los repones con eclips.

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  —Hecho

  *Taller de herrería n.o 542*

  Activo Mente Serena.

  Sostengo el bloque de hierro frente al horno.

  Reorganización Química, Cadencia Interna y Flujo Astral trabajan en conjunto. Por primera vez, no solo siento la energía: la veo.

  El horno exhala un flujo tosco, violento. Ineficiente.

  —Así que así se mueve… —pienso.

  Introduzco el metal. Tomo el martillo.

  Activo Cadencia Interna.

  Golpeo.

  El hierro responde. No al martillo, sino al ritmo. Cada impacto refina la estructura. Dos horas después, descanso. La daga aún es burda, sin filo, cubierta de óxido oscuro. Pero está viva.

  Tomo el cincel.

  La tinta astral no fue dise?ada para metal. Por eso preparo la mezcla con cuidado adicionando algunos materiales como grafito, voy probando. Demasiado y el circuito colapsa. Muy poco y no ancla.

  Dudo.

  El calor del taller empapa mi espalda. Aprieto los dientes y comienzo a tallar.

  Al principio es tosco. Luego, fluye.

  La energía comienza a arremolinarse. Se alinea.

  Cinco minutos después, un resplandor blanco invade el taller.

  BOOOOOOOM

  El impacto me lanza al suelo.

  Cabello quemado. Brazos entumecidos.

  Me incorporo lentamente y observo los restos.

  Hierro chamuscado. Brillo azul pálido recorriendo fracturas internas.

  —Falló… —murmuro.

  Por un instante, pienso que Yugorh tenía razón.

  Luego veo el patrón.

  El circuito respondió.

  No colapsó, sino que rechazó la sobrecarga.

  Sonrío.

  —Estoy progresando.

  Flujo Astral me muestra cada error. Cada fuga. Cada ajuste posible.

  Recojo los restos con cuidado.

  Esta vez, sé exactamente qué cambiar

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