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Oportunidad

  —Bienvenidos a la feria evaluativa de herrería —anuncia Alpha desde la pantalla central.

  Las voces se superponen de inmediato.

  —La evaluación se dividirá en dos fases: revisión integral por el maestro Yugorh y competencia de ventas durante las próximas seis horas.

  Un murmullo expectante recorre el recinto.

  —Cada herramienta adquirida costará un crédito. Los créditos solo serán válidos durante este evento. El número máximo por estudiante dependerá de la evaluación física integral previa.

  La pantalla se apaga.

  El caos comienza.

  *Taller de herrería n.o 542*

  —Rrrrrrrrr… Rrrrrrrrr…

  El comunicador vibra con insistencia.

  Por un segundo pierdo el ritmo. Lo recupero a la fuerza.

  —Finalmente… —susurro.

  Una semana sin dormir. Soluciones curativas al límite. El cuerpo pesa como plomo, pero el trabajo está hecho.

  Miro el arma terminada.

  —Es Yugorh… —pienso—. Hora de salir.

  Abro la puerta del taller. Decenas, cientos de armas esperan transporte. La energía astral azulada recorre el metal como venas expuestas bajo la luz del sol.

  Corro.

  Cinco minutos después estoy de vuelta en mi habitación. Agua fría. Ropa limpia. El cuerpo se sostiene solo porque Mente Serena no ha cedido aún.

  —Esto no es sostenible… —pienso con un dejo de miedo—. El rebote va a ser brutal.

  The tale has been stolen; if detected on Amazon, report the violation.

  El comunicador vibra otra vez.

  —Muchacho —gru?e Yugorh—, supongo que no lograste cerrar esa idea absurda.

  —Estaré en la feria en diez minutos. ?Número?

  —231. Si no llegas, quedas fuera.

  Corto la llamada.

  *Centro de artesanías*

  Troto entre pasillos abarrotados.

  Activo Cadencia Interna. El flujo humano se vuelve predecible. Me deslizo entre cuerpos, esquivo, avanzo.

  Dos minutos.

  Cubículo 231.

  Abro la caja blanca. Material visual. Información mínima. No necesito vender con palabras.

  Escucho pasos.

  —Mira nada más… Elion Vexar.

  Levanto la vista.

  —Geos Fillipo —continúa—. Soy genio de esta generación de una filial Delvyran.

  Su voz intenta ser firme. Su rostro, no tanto.

  —Demuestra que puedes ser una celebridad aquí y ahora —le respondo sin levantarme.

  Por un instante, el miedo se filtra. Luego sonríe.

  —Nos vemos en dos horas. Cuando tenga el primer lugar.

  Se va.

  El transporte llega de inmediato. Dos robots descargan las dagas y las colocan con precisión quirúrgica. Tomo la mejor de todas.

  Yugorh aparece detrás del aerodeslizador. Apenas me mira.

  Le extiendo la daga.

  El silencio es absoluto.

  Sus ojos se abren de par en par.

  —Esto… esto es…

  —Un circuito astral que funciona en un arma común —respondo—. Sin materiales especiales.

  Yugorh traga saliva. Su mano tiembla.

  Antes de que pueda decir algo, Alpha interviene:

  —Atención estudiantes. Inicia oficialmente la evaluación de la especialidad de herrería.

  Yugorh se gira, aun sosteniendo la daga.

  Aprieta los pu?os.

  —Esta… —piensa—. Esta es la oportunidad que estaba esperando.

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