Habían pasado unos dias desde la resolución final.
El ambiente en la mansión Sungley parecía haber recuperado cierta calma exterior, pero no todos los corazones estaban en paz.
En una cama grande y cómoda, cubierta por sábanas limpias y suaves, descansaba una peque?a ni?a afligida por los traumas que aún la perseguían incluso dormida. Su cuerpo estaba en un lugar seguro, pero su mente seguía atrapada en recuerdos crueles.
En su sue?o revivía los crudos y dolorosos días en la tierra donde nació.
Tierras estériles y devastadas.
Campos secos, donde el polvo se levantaba con el viento como si la misma tierra estuviera muriendo lentamente.
Ni?os más grandes golpeándola sin motivo, solo por diversión o frustración.
Vivir en un nivel social casi cercano a la esclavitud.
La sensación constante de no valer nada.
Y el recuerdo más cruel de todos: haber aceptado pagar con su propia vida para que su pueblo y sus padres no murieran.
Ese había sido el precio.
Ese había sido su destino.
Y ese destino la llevó hasta su situación actual.
De golpe, la ni?a despertó.
Su respiración era agitada. Sus ojos se abrieron con miedo... y se encontraron con algo que no encajaba con sus recuerdos.
No había tierra seca.
No había polvo.
No había cadenas ni gritos.
Estaba en una habitación completamente decorada y limpia. Las paredes estaban bien cuidadas, los muebles ordenados, el aire olía a madera y a tela recién lavada.
En un escritorio en la esquina, un ni?o revisaba unos planos con concentración. La luz que entraba por la ventana iluminaba su cabello, dándole un brillo suave.
Se le hacía familiar...
Conocía a ese ni?o.
El ni?o volteó al sentir movimiento y, al verla despierta, se levantó de inmediato. Caminó hacia la cama con entusiasmo y tranquilidad.
—?Ooooh, hola, ni?a! ?Qué bueno que despertaste! —exclamó Kael con evidente alivio—. Dime, ?cómo te sientes? ?Tienes algún dolor?
La ni?a, aún perpleja y preocupada, intentó incorporarse, pero su cuerpo no respondió como esperaba. La debilidad la traicionó y casi cayó de la cama.
Rápidamente, Kael la sostuvo con cuidado y la volvió a recostar con suavidad.
La ni?a intentó incorporarse con rapidez.
El mundo giró.
Un dolor punzante atravesó su costado como si algo se hubiera clavado por dentro. Su respiración se cortó en seco.
El recuerdo físico del impacto regresó de golpe.
Kael la sostuvo antes de que cayera.
—Tranquila. No intentes levantarte así.
Ella apretó los labios.
Respirar profundo era difícil.
No había cortes visibles.
Pero su torso estaba aún frágil, como si cualquier movimiento brusco pudiera desarmarla por dentro.
—Tus costillas no están listas para eso —a?adió Kael con seriedad poco infantil.
la ni?a bajó la mirada.
En su pueblo, nadie esperaba que las costillas sanaran bien.
Si seguías respirando... estabas viva.
Eso era suficiente.
—Tranquila, mamacita... no te esfuerces —dijo con tono firme pero cálido—. Sufriste mucho da?o y aún te estás recuperando. No te esfuerces. Nadie te hará da?o ni querrá hacer nada malo contigo... solo relájate y descansa. Yo, con mi compita Chocolo, te cuidaremos.
En ese momento, un ladrido rompió el silencio.
—?Woof!
La ni?a giró la cabeza y, por primera vez, vio a la criatura que estaba junto a la cama.
Era extra?a. No se parecía a nada que hubiera visto antes.
Su corazón comenzó a latir con fuerza. Sus manos temblaron. El miedo no desaparecía tan fácilmente.
Con la voz quebrada, murmuró:
—D-disculpe... s-se?or... yo no debería estar aquí... no quiero ensuciar nada... perdóneme, por favor...
La culpa estaba grabada en su tono. Como si su sola existencia fuera una molestia.
Kael tomó una de sus manos. Sus dedos eran peque?os, fríos y temblorosos. él la sostuvo con firmeza, pero con delicadeza.
—Tranquila. Tú eres mi invitada... y mi salvadora —le dijo con una sonrisa sincera, sin rastro de burla—. Nada malo pasará... te lo prometo.
La ni?a lo miró con los ojos llorosos.
No entendía del todo esa bondad. No estaba acostumbrada.
Pero decidió creer.
Asintió levemente.
Kael inclinó un poco la cabeza.
—?Puedo saber tu nombre?
La ni?a tragó saliva antes de responder.
—Me llamo... Zarina... se?or...
Kael abrió los ojos con entusiasmo genuino.
—?Ooooh! Qué bonito nombre. Nunca lo había escuchado. Zarina... suena genial, así como de chica intimidante, seria y fuerte. —Sonrió ampliamente—. Me presento, yo soy Kael. ?Un gusto!
Zarina lo observó con timidez. Su mundo era frío, pero ese ni?o parecía no seguir las reglas del mundo que ella conocía.
Con precaución, preguntó:
—Disculpe, se?or Kael... ?qué fue lo que sucedió?
Kael se sentó a su lado, apoyando un brazo sobre la cama. Con paciencia, le explicó todo lo que pasó después de que ella cayó inconsciente. Le contó cómo la trajeron, cómo la atendieron, y por qué no pudo volver con los demás ni?os debido a su estado de salud.
Zarina solo asentía.
Aceptaba la realidad poco a poco.
En el fondo, una parte de ella siempre supo que ese sería el desenlace.
Kael, al notar la falta de brillo en sus ojos... la ausencia de voluntad... decidió ir directo al punto.
—Oye, Zarina... sé que es muy repentino y quizás muy apresurado... pero, ?tienes alguna idea de qué quieres hacer ahora?
La pregunta la tomó por sorpresa.
Pero su respuesta fue inmediata. Dolorosamente clara.
—Pues... no quiero generarle más problemas, mi se?or. Apenas me pueda parar, me iré para no causarle más inconvenientes. Encontraré algo para sobrevivir... no será muy diferente de cómo viví en mi pueblo...
Kael la miró con sincera preocupación.
No había rabia en sus palabras.
No había rebeldía.
Solo resignación.
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—Entonces... ?no sabes qué harás? —preguntó con suavidad.
—De momento... no lo sé, mi se?or...
Kael guardó silencio unos segundos. Luego sonrió.
—?Y por qué no te quedas aquí conmigo? —dijo de pronto—. ?Sabes? Necesito una sirvienta personal que me ayude en mis entrenamientos e investigaciones.
Zarina lo miró sorprendida. Sus ojos se abrieron como si hubiera escuchado algo imposible.
—Pero, mi se?or, yo... no sé nada... solo le estorbaré...
Kael cambió el gesto. Su mirada se volvió seria.
—Por supuesto que no sabes nada... —respondió sin suavizar la verdad—. Pero puedes aprender. Dime, ?quieres abandonar tu vida a la soledad y al dolor... o puedes tomar esta oportunidad y demostrar que puedes ser alguien importante en esta vida?
Las palabras cayeron directo en el corazón de la ni?a.
Nadie antes le había ofrecido algo así.
Nunca le habían hablado de importancia.
Nunca le habían dado una opción real.
Tragó saliva. Sintió algo nuevo... algo peque?o... una chispa.
—Si usted cree que puedo serle de ayuda... haré lo posible por serle útil.
Kael sonrió ampliamente, con genuina felicidad.
—?Así se habla, mamacita! ?Escuchaste, Chocolo? ?Tengo mi primera asistente!
—?Woof! —respondió el animal con entusiasmo.
Y así, los dos primeros días tras el despertar de Zarina pasaron.
Pero no fueron días fáciles.
El cuerpo de la ni?a aún cargaba las consecuencias del combate. Sus costillas habían estado fisuradas, su espalda cubierta de moretones oscuros, y el golpe en la cabeza la había dejado con mareos intermitentes. Incluso respirar profundo le provocaba una leve punzada que intentaba disimular.
Kael tampoco había salido ileso. Aunque se mostraba energético como siempre, en más de una ocasión tuvo que apretar los dientes cuando movía el brazo izquierdo o al bajar escaleras demasiado rápido. Las heridas internas aún estaban sanando, aunque él fingiera que no era nada.
Durante esos días, Zarina permaneció la mayor parte del tiempo en cama. Las criadas llevaban infusiones calientes y ungüentos medicinales preparados por los sanadores de la casa. Kael, cuando nadie lo veía, revisaba los vendajes con torpeza pero con atención casi obsesiva.
Poco a poco, comenzó a sentarse sin ayuda.
Luego a apoyar los pies en el suelo.
Los primeros intentos de ponerse de pie fueron humillantes y dolorosos. Sus piernas temblaban como si no le pertenecieran. El simple acto de dar tres pasos la dejaba sin aliento.
Pero insistió.
Con el paso de las horas y peque?os recorridos dentro de la habitación, comenzó a caminar nuevamente. Sus pasos eran inseguros, cortos y rígidos, como si el suelo pudiera desaparecer en cualquier momento. Aun así, cada día ganaba un poco más de fuerza.
A veces el dolor regresaba por la noche, en forma de punzadas o pesadillas. Y en esos momentos, el silencio de la habitación le recordaba todo lo que había perdido.
Aun así, estaba visiblemente preocupada e incómoda.
No solo por el dolor físico.
Sabía que era una extra?a en esa casa.
Y, sobre todo... era un demonio.
Al siguiente día en la ma?ana, Kael llegó a su habitación y la saludó. Pero esta vez había algo distinto en su postura.
Estaba más serio. Más tenso.
Durante esos días, el único que había entrado a esa habitación era él y algunas sirvientas.
Y ahora había llegado el momento.
Se paró frente a ella.
—Zarina... el gran lord de la casa Sungley y los miembros más importantes aguardan por nosotros en la sala de reuniones... ?estás lista?
Zarina sintió que su estómago se apretaba.
Asintió con nerviosismo evidente.
Kael tomó su mano con cuidado y la guio fuera de la habitación.
A cada paso, el ambiente se sentía más pesado.
Cuando entraron en la sala de reuniones, el aire parecía más denso. La tensión era casi palpable.
Zarina levantó la mirada... y vio rostros serios. Rostros temibles.
En especial tres.
Los dos ni?os se ubicaron en el centro de la sala.
La sesión comenzó.
Lord Garbard se levantó con porte firme y sereno. Su presencia imponía respeto incluso sin alzar la voz. La luz que entraba por los ventanales resaltaba las líneas severas de su rostro.
—Doy inicio a esta sesión extraordinaria para determinar qué decisión tomaremos respecto al futuro de esta peque?a —declaró con solemnidad.
Luego clavó su mirada en Zarina.
No era una mirada cruel... pero tampoco blanda.
Era la mirada de alguien que debía proteger una casa, un territorio y un linaje.
—Ni?a, podrías dar un paso al frente y presentarte.
Zarina sintió que el corazón le golpeaba el pecho con fuerza. Sus manos estaban frías. Miró de reojo a Kael, buscando apoyo.
él sostuvo su mirada con firmeza y asintió con tranquilidad, como diciéndole sin palabras: puedes hacerlo.
Ella dio un peque?o paso al frente con dificultad aun herida.
—M-mu... muy buenos días, mi lord... —su voz temblaba—. Mi nombre es Zarina.
Con torpeza, inclinó el cuerpo en se?al de respeto pese al dolor que le provoco.
Garbard asintió apenas.
—Dime, Zarina... ?podrías contarme un poco acerca de ti y cómo terminaste en esta situación?
El silencio en la sala era absoluto. Nadie respiraba con normalidad.
Zarina sintió la presión de todas las miradas sobre ella. Sus dedos se entrelazaron nerviosamente frente a su cuerpo.
Con dificultad, comenzó:
—Soy de un peque?o pueblo en la frontera con el bosque demoníaco... allí la tierra es un poco fértil... por lo que hay muchas granjas... mis padres eran obreros que trabajaban para granjeros por un poco de comida... éramos del estrato social más bajo... por lo que, cuando ocurrió el conflicto con los bandidos... para que no hubiera una masacre... me regalaron a mí y a otros ni?os...
Las palabras salían cortadas. Cada frase parecía costarle.
El impacto fue evidente.
Algunos fruncieron el ce?o.
Otros tensaron la mandíbula.
Garbard mantuvo la compostura.
—Y dime, Zarina... ?recuerdas el camino por donde viajaron con los bandidos?
Zarina negó lentamente.
—No, mi se?or... no me fijé en el camino que realizamos... solo me preocupaba que los demás ni?os no se cayeran... para que no los golpearan o mataran...
Ese último detalle cayó como una piedra en medio del salón.
El silencio se volvió aún más pesado.
Caria, que hasta ese momento observaba con expresión contenida, dio un paso al frente. Había algo de confusión y conflicto en su mirada.
—Dime, Zarina... ?recuerdas los últimos momentos antes de llegar aquí?
Zarina la miró con incomodidad. La pregunta la obligaba a regresar a un instante que preferiría olvidar.
Pero respondió.
—Recuerdo cuando estábamos descansando en un escondite en el bosque... y un monstruo volador traía al joven amo Kael en sus garras... —su voz se volvió más firme—. Ahí supe que no era un demonio... por su ropa y por la dirección de donde venían.
Respiró con dificultad.
—Los bandidos dijeron que el joven amo sería el único objetivo de un mago para sus experimentos...
Caria sintió una furia fría subir por su pecho.
La idea de que alguien planeara usar a Kael como material de experimentación le revolvía el estómago.
Laret intervino, intentando mantener el orden.
—Kael nos comentó que tú le salvaste la vida...
Zarina abrió los ojos con sorpresa.
Intentó mirar a todos a la vez, como si buscara confirmar que no había escuchado mal.
—N-no... yo no lo salvé de nada...
Las miradas se cruzaron.
Incluso Kael se tensó.
Caria frunció el ce?o.
—?Podrías explicar por qué llegaste a esa conclusión?
Zarina apretó los labios. No quería contradecirlos... pero tampoco podía mentir.
—El joven amo Kael... nos salvó a nosotros... —dijo finalmente—. Se levantó y comenzó a pelear con todos los bandidos... no mató a ninguno... y después peleó con el jefe... pero ese hombre comenzó a aprovecharse de él... porque Kael intentaba alejarlo lo más posible de nosotros... él... él estaba recibiendo mucho da?o por protegernos...
Su voz empezó a quebrarse.
—Llegó un momento en que cayó seriamente herido...
El aire en la sala parecía faltar.
Zarina bajó la mirada. Sus hombros temblaban.
—El joven amo Kael... pese a todo, sin poder moverse... seguía intentando pelear para acabar con el bandido... yo no podía seguir soportándolo... fui corriendo hacia él para intentar levantarlo y decirle que huyera... él no era como nosotros... de seguro tenía un lugar al que volver... y... yo... yo intenté darle un poco de tiempo para que escapara... me planté frente al bandido... él me golpeó... y yo... solo sentí el impacto al caer... y no recuerdo más... no pude hacer nada más...
Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.
Kael no esperó más.
Se acercó y la abrazó.
Zarina, que hasta ese momento intentaba mantenerse firme, se aferró a él con torpeza, como si ese contacto fuera el único punto estable en el mundo.
Kael levantó la mirada hacia su abuelo.
—Son suficientes declaraciones... —dijo con firmeza—. Creo que su relato fue lo suficientemente completo para que puedan sacar sus conclusiones.
Las versiones coincidían.
Pero había una diferencia clave.
Ahora no era Kael quien hablaba.
Era una ni?a demonio.
Una ni?a que, pese a todo lo que había sufrido, prefirió sacrificarse para intentar salvar a otro.
Eso golpeó con fuerza a todos los presentes.
Especialmente a Caria.
Ella permaneció en silencio unos segundos más, procesando algo que desafiaba lo que había creído toda su vida.
Una demonio... capaz de ese acto.
Su mente, inevitablemente, viajó a su propio pasado.
A lo que pudo haber sido su destino... si Garbard no la hubiera rescatado a?os atrás.
La dureza en su expresión comenzó a suavizarse.
Finalmente habló.
—Zarina... por favor, levanta tu rostro.
La ni?a obedeció. Su cara estaba llena de lágrimas y mocos, parte de ellos ahora pegados en el hombro de Kael. Aun así, intentó mantenerse erguida.
Kael tomó su mano con discreción para darle apoyo.
Caria respiró hondo.
—Tu llegada a este territorio no pasará desapercibida... eres considerada una enemiga para nuestra raza. Si te dejamos sola... probablemente te esclavizarían... o te matarían.
Zarina escuchaba en silencio. No había sorpresa en sus ojos. Solo aceptación.
—Kael ha manifestado de manera firme que quiere ayudarte para que tengas una vida pacífica y tranquila... —continuó Caria—. Lo único que podemos ofrecerte de momento es un contrato de esclavitud con Kael... para que le sirvas como sirvienta y así no levantar sospechas ni malos entendidos entre nuestra casa noble y las demás.
El término era duro.
Contrato de esclavitud.
Pero, paradójicamente, era lo único que podía protegerla.
Zarina levantó la mirada.
No había miedo.
Había una serenidad extra?a.
—Si le puedo ser de ayuda al joven amo Kael... con mucho gusto y felicidad seré su esclava... por todo lo que ha hecho por mí... yo feliz daría mi vida por él...
?Zas!
Un peque?o golpe le llegó en la nuca.
Zarina parpadeó sorprendida.
Kael la miraba con disgusto.
—?Oye! Eso no estaba en el contrato —dijo con tono serio—. Nadie, absolutamente nadie, tiene permitido sacrificar su vida por mí y mis estupideces. Eres mi asistente científica, con eso me basta.
Zarina lo miró confundida.
—Pero, mi joven amo... ?no puedo!
El ambiente tenso se rompió como cristal.
Algunos incluso soltaron una leve exhalación de alivio.
La calidez volvió poco a poco al salón.
Caria, ahora con una visión más amplia de la situación, observaba la escena con una expresión más tranquila.
Laret tomó su mano con suavidad y la miró con satisfacción contenida.
Lord Garbard volvió a ponerse de pie.
—Pues entonces está acordado —declaró con autoridad—. La joven demonio Zarina establecerá un contrato de esclavitud con Kael y brindará sus servicios hasta que ambos estimen conveniente. Así que, por lo presente... Zarina, te damos la bienvenida a la casa Sungley.
Las palabras resonaron con peso.
Para Zarina, significaban algo más que protección.
Significaban pertenencia.
Y así se cerró un capítulo de dolor y tristeza.
Y comenzó una nueva historia, llena de desafíos, incertidumbres... y, por primera vez en su vida, esperanza para una joven incomprendida.

