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Capitulo 2

  Acostada en la cuna y sin nada mejor que hacer me sumerjo en mis pensamientos, intentando ordenar los eventos de lo que creo que ha sido un mes desde mi abrupto primer despertar, ya que mi noción del tiempo se ha vuelto loca, deformada por el constante ciclo de sue?o y vigilia impuesto por mi nuevo cuerpo.

  Reflexiono, con una mezcla de ironía y frustración, sobre la idea romántica de la infancia como la mejor etapa de la vida. Quienquiera que afirmo eso, seguramente nunca experimentó el confinamiento en el cuerpo de un bebé, atrapado en un ciclo interminable de las necesidades básicas de comer, dormir y la humillante dependencia de otros incluso para la más básica higiene personal. Y para mejorar la cosa, encima tengo que llorar y quejarme de vez en cuando para continuar con el teatro de que soy un bebé.

  Y todo estoy además sin ninguna de las comodidades modernas que debería tener un bebe. Me ponen pa?ales lavables de tela, nada de biberones y todavía no he visto una sola luz eléctrica, solo linternas de papel decoradas. No me queda más remedio que aceptar que he renacido en un mundo que tecnológicamente está en lo que podría ser la edad antigua china.

  Pero a pesar de estas limitaciones y dificultades, celebro el peque?o triunfo personal de que mi visión, notablemente mejor que durante aquellos primeros días en los que solo veía formas borrosas, ahora me permite ver claramente a la gente, aunque mi percepción de profundidad siga siendo una mierda. Sin embargo, el que mi visión mejore hace que me frustre más ante la inmovilidad de mis piernas.

  A pesar de las visitas de quienes parecen ser médicos, quienes utilizando todo tipo de técnicas, desde la más básica acupuntura que ha hecho que me claven más agujar que a un alfiletero a hacerme tomar con leche algún tipo de hierbas de sabor horrible que casi escupo para tratarme, no he logrado ningún progreso. La parálisis persiste, un recordatorio constante de mi nueva situación.

  Reflexiono sobre la ausencia del hombre que apareció el primer día, ponderando si su falta de presencia es motivo de alivio o de preocupación. Pero sabiendo como se suponía que eran los antiguos clanes chinos, o incluso los modernos en algunos lugares, me extra?a más que no aparezca una suegra a quejarse a mi madre por haber dado a luz a un bebe defectuoso o algo similar.

  Eso me hace suponer que debe de ser por el estatus de mi nueva familia, y mi atención se desvía hacia mi entorno, un despliegue ostentoso de riqueza y buen gusto. El oro, las gemas, seda y obras de arte que decoran las habitaciones que he visto son indicativos de un estatus elevado, probablemente de la nobleza o de un funcionario de alto rango.

  Además, tanto el qiuku tradicional que uso como la tela de la cuna también son de seda, lo cual roza lo absurdo en mi mente, ya que por desgracia cada poco las mancho. La culpa por mancharlos me asalta ocasionalmente, y con una determinación naciente, me prometo aprender a pedir usar el ba?o en cuanto sea posible hacerlo sin levantar sospechas.

  Tampoco puedo evitar pensar en todo lo que he dejado atrás. Me pregunto por mis ayudantes, esperando que no estuvieran en la cueva cuando todo se derrumbó. Pero sobre todo me pregunto por mis padres y hermanos, lo que han debido de sentir al recibir la noticia y tener que hacer un funeral sin un cuerpo, ya que dudo que China excave una monta?a para recuperar mi cuerpo o encontrar la extra?a puerta. Mi consuelo en todo esto es que al menos no dejo a nadie huérfano. Por fortuna o desgracia, al haberme casado con mi trabajo y no haber pasado de relaciones esporádicas, no dejo ni?os que lloren por una madre muerta.

  Pero curiosamente, cuando pienso en mi pasado, mi mente parece haber encontrado un atisbo de consuelo en mi antigua pasión, los lenguajes. El idioma que me rodea, su significado, inicialmente ajeno, ha comenzado a desvelar sus secretos, revelándose más familiar de lo esperado gracias a mis conocimientos previos de chino.

  Aunque el aprendizaje ha sido sorprendentemente rápido, sospecho que la similitud entre los idiomas ha facilitado mi comprensión. De las conversaciones captadas, cada vez mas de ellas, he logrado deducir que mi nombre ahora es Wen, ya que es el nombre con el que me habla mi madre y mi ni?era. A mi madre la suelen llamar Fei Xiang y, si no recuerdo mal, en la antigüedad Fei era un título para consortes que no eran esposas principales de las familias nobles.

  La ni?era, a quien se dirigen alternativamente como RuNu y RuNu Lianhua, es una presencia constante, aunque el flujo incesante de doncellas y la gran cantidad de ellas refuerza mi opinión de que mi nueva familia son nobles. Sin embargo, algunos rostros se han vuelto familiares, recurrentes en el cuidado y la atención que brindan tanto a mi como a mi madre, aunque sus nombres no tanto debido a la manía de dirigirse con el título a todo el mundo, y a menos que haya más de una presente, no digan nombres concretos. Eso, o todas tienen el nombre de Nu, Zhi o Jie.

  Mientras estoy acostada perdida en mis pensamientos, RuNu Lianhua, una joven de unos diecisiete a?os aparece. Su presencia es siempre un consuelo, aunque hoy no está sola ya que dos mujeres de mediana edad la acompa?an, las cuales me miran con una mezcla de curiosidad y, supongo que debido a que saben de mi condición, con cierta lastima.

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  "Es hora de prepararte, Gongzhu Wen", me dice RuNu Lianhua con su voz suave pero firme mientras me saca de la cuna. Al sacarme de la cuna, noto que una de las otras mujeres sostiene en sus brazos un traje increíblemente lujoso.

  Mientras me visten siento la opresión de las capas de ropa, casi demasiado numerosas para mi peque?o cuerpo. Quiero protestar por la molestia, pero solo emito quejas incoherentes para mantener mi papel de bebé. Mientras me visten, no puedo evitar darme cuenta de que ellas tampoco llevan trajes normales, si no lo que parecen unos lujosos trajes de ceremonia. Hoy tiene que ser algún día especial.

  Una vez vestida, RuNu Lianhua me levanta cuidadosamente mientras me dice "Estás preciosa, Gongzhu Wen."

  Salimos de la habitación hacia la habitación de al lado donde nos espera mi madre, y su atuendo me sorprende. Acostumbrada a verla en ropas lujosas pero prácticas, ahora está vestida para una ocasión de gran importancia, con ropas del tipo que solo había visto en dramas de época o en museos, irradiando una majestuosidad que nunca había presenciado. Justo detrás esta la doncella que he llegado a conocer como Fei Yi Lingxi, ya que siempre esta con ella. Viendo la calidad de las ropas que lleva todo el mundo, la cantidad de criadas que han pasado por las habitaciones y los lujos que me rodean, una sospecha finalmente comienza a formarse en mi mente, interrumpida cuando RuNu Lianhua confirma que todo está listo para partir.

  "Entonces, partamos", responde mi madre, su voz cargada de una autoridad que resuena en el aire.

  Las otras dos doncellas que estaban con nosotros abren la puerta y mi madre sale andando con su regio porte junto a Fei Yi Lingxi, seguida poco detrás por RuNu Lianhua, la cual me lleva con cuidado en brazos, pero no de una forma normal, si no una forma que parece como si fuera ritualizada.

  Tras pasar la puerta veo que en el pasillo del otro lado esta lo que parece un ejército de mujeres, algunas de le las cuales, con absoluta sorpresa por mi parte, están armadas como si fueran guardias. Eso me deja en shock, ya que en la cultura china el tema de mujeres soldado, más allá de historias como Mulán, es imposible. Esto hace que tenga que reconsiderar totalmente todos los conceptos que podría haber supuesto para esta cultura.

  Las mujeres guardia, doce de ellas en total, se ponen a nuestro alrededor formando una escolta que rápidamente noto que es mas de honor que de protección, y a continuación seguimos por el pasillo, con todas las demás doncellas acompa?ándonos detrás de nosotras en silencio.

  El pasillo es largo, muy largo, con numerosas puertas a los lados, lo cual me hace preguntarme como de grande es la casa, cuando salimos a un patio. El patio es muy, muy grande. Y girando la cabeza lo máximo que me deja la incómoda ropa que llevo, veo que está rodeado de varios edificios similares al que acabo de dejar. Además, el patio está lleno de gente. Por lo que veo, todo son mujeres junto con algunos ni?os, algunas con lujosos ropajes, otras, las que menos, claramente guardias.

  Según cruzamos el patio veo una enorme puerta que claramente lleva fuera del mismo, en la que están esperando once mujeres con atuendos como mínimo tan lujosos como los de mi madre. Según nos acercamos, una de las mujeres se adelanta con la clara intención de decirle algo, pero es interrumpida por mi madre.

  “Fei Zhi, nos están esperando, ?no querrás ser la que nos retrase?”, dice mi madre con una frialdad que corta como el acero. Pero el que mi madre se halla dirigido a ella como Fei, refuerza mi opinión de que es un título de consorte, y probablemente todas estas mujeres deben de ser las otras consortes.

  La mujer a la que ha llamado Fei Zhi parece que se muerde la lengua y se hace a un lado, tras lo cual mi madre y Fei Yi Lingxi continúan para atravesar la puerta seguidas de RuNu Lianhua y la escolta de guardias

  Al pasar la puerta veo una gran calle rodeada de un muro, como suele ser normal en los grandes complejos de edificios de la antigua china. Al continuar andando por la calle, cada poco se van viendo guardias, estos ya hombres, que según estamos pasando hacen sonar las lanzas contra el suelo mientras mis sospechas siguen reconcomiéndome. La caminata es larga, casi 10 minutos hasta que llegamos a otra puerta, está aún más majestuosa que antes.

  Enfrente de la puerta hay una veintena de soldados, liderados por un hombre de unos 50 a?os bastante corpulento y con una barba poblada. Mi madre se para y el hombre pregunta en un tono que claramente indica que sabe quién es mi madre y algún tipo de ritual le obliga a hacerlo:

  "?Quién desea acceder al centro del imperio?", pregunta con una voz que resuena con autoridad.

  "Soy Fei Xiang, y acudo convocada por el Hijo del Cielo", es la respuesta de mi madre, sin mostrar duda ni temor.

  Tras pronunciar estas palabras el hombre y los soldados se apartan, haciendo un pasillo de honor que atravesamos mientras las grandes puertas se abren, dejando ver un enorme edificio que parece sacado del propio palacio prohibido de china y mis sospechas, aumentadas por las palabras anteriores empiezan a hacerme querer empezar a gritar que me saquen de aquí.

  RuNu Lianhua, notando mi creciente inquietud, comienza a acunarme discretamente mientras me susurra para calmarme "Tranquila, Gongzhu Wen."

  Subimos la gran escalinata que lleva al interior del palacio, en la cual cada escalón está ocupado por soldados con una armadura aún más lujosa que los de fuera, uno de ellos en cada extremo del escalón. Cruzamos la amplia puerta mientras noto que todos se quedan atrás, incluyendo las guardias femeninas y entramos en un enorme y lujoso salón, lleno de hombres y algunas mujeres con lujosos y elaborados trajes.

  Mi madre y RuNu Lianhua avanzan conmigo en brazos y al llegar a cierto punto del salón, tanto mi madre como RuNu Lianhua se arrodillan, esta última con cierta dificultad al estar cargándome.

  Mientras se arrodillan no puedo evitar mirar hacia la parte de adelante del salón, donde, en la cima de una escalinata, hay un trono en el que está sentado un hombre al que me cuesta poco reconocer. Y no puedo evitar confirmar mis horribles sospechas y gritar en mi mente:

  “?MI PADRE ES EL JODIDO EMPERADOR!”

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